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LA
EDAD DORADA
PUNTO DE PARTIDA
Asistimos a un fenómeno
demográfico que a mediados del siglo pasado era impensable.
Si observamos la evolución de las pirámides de población,
nos encontramos con la sorpresa, del feliz estrechamiento de su
base, digo feliz, porque eso significa una mayor esperanza de vida.
A los que aún vivimos nos llena de ilusión que los
avances en la medicina, nos permitan disfrutar más años
de este pasajero viaje, al que estamos condenados o premiados a
vivir, en unas condiciones relativamente decentes para unos y denigrantes
para otros. El ensanchamiento de la cúspide de la pirámide,
significa que hay un mayor número de personas mayores de
sesenta y cinco años capaces de aguantar en un buen estado
de salud los vaivenes del tiempo. Las razones de este cambio tan
espectacular, donde el peso de las personas ancianas con su presencia,
reivindican cambios estructurales de las políticas sociales,
obedecen a los cambios muy significativos que se han producido en
las sociedades desarrolladas. Precisamente a partir del último
tercio del siglo XX, en la sociedad española y muy especialmente
en los pueblos de Castilla y León, donde la emigración
ha arrancado a la población joven de sus lugares de nacimiento,
para dejar en sus moradas a los viejos que con su trabajo no consiguieron
que sus hijos continuaran su labor en los pueblos. Nuestros desolados
pueblos, cada vez más viejos, cada vez más despoblados,
cada vez más aislados, cada vez más solos, aunque
aún no hemos llegado al abandono, salvo raras excepciones.
Hoy mejor que nunca se está invirtiendo en infraestructuras,
instalaciones deportivas, lugares de ocio y espacios de recreo,
pero no se ha cultivado la creatividad de nuestros mayores.
Otros de los elementos que han condicionado el envejecimiento de
la población, ha sido el vertiginoso descenso de la fecundidad.
Es decir, si antaño las mujeres tenían una media de
tres o cuatro hijos, en la actualidad, el descenso de la natalidad
corre el peligro, de abortar las tasas de fecundidad hasta límites
inferiores al nivel de reemplazo generacional, no llegando en el
mejor de los casos a un hijo por mujer. La pregunta es muy sencilla
¿qué podemos hacer con la gente que se ha aferrado
a su tierra, con aquellos que se niegan a abandonar la tierra que
les vio nacer, la de sus padres, la de sus abuelos, la de sus bisabuelos?
Convendremos todos que la edad no debe ser una frontera para la
creación, sino una revitalización del pulso cotidiano
que ya los jóvenes no podrán continuar, entre otras
razones por que no les hay o su número es escaso.
En el año 2001 la proporción de individuos de sesenta
y cinco años o más representaba un 17 %, y según
las proyecciones de población realizadas por le INE, en el
año 2027 supondrán el 21% del total de la población.
Este sustancial crecimiento de nuestros mayores que las sociedades
experimentarán en los próximos años, provocarán
que la estructura de la población se invierta, si no se corrigen
estas tendencias, dándose el fenómeno que Walace denomina
seísmo demográfico y Livi Bocci como involución
demográfica. Dado que este fenómeno del envejecimiento
tiene un carácter estructural, sería conveniente no
considerarlo como un problema social, sino más bien como
un logro de las sociedades desarrolladas. Por esa razón se
requiere una reestructuración, económica, política
y social urgente para conseguir los objetivos deseados, acordes
con una mesura equilibrada de los recursos, en función de
las necesidades que perentoriamente nos reclaman.
Otro elemento a considerares, el descenso de la mortalidad.
A lo largo de las últimas décadas, el declive de la
mortalidad en las sociedades desarrolladas se está concentrando
en los grupos de edad superiores. Llegando a edades avanzadas cada
vez más personas y en mejores condiciones de salud, este
matiz es muy importante, por ello me atrevo a recalcar “mejores
condiciones de salud”. Eso significa que estas personas están
físicamente y mentalmente en unas circunstancias idóneas
para desarrollar muchas actividades, que otrora eran impensables,
y ahora con la cantidad y calidad del tiempo libre, toda vez abandonada
la fase laboral, o dicho de otra manera, la imposición administrativa
y legal de dejar de trabajar. La cantidad y calidad del buen hacer
lo han demostrado y siguen demostrándolo, a poco que se les
permita espacios y facilidades.
El descenso registrado en la mortalidad española durante
la década de los años setenta, se continuó,
con menos intensidad, en el primer quinquenio de los ochenta. En
la década de los noventa siguen observándose nuevas
disminuciones en las tasas de mortalidad por edad. En definitiva
la tendencia continúa su ascensión hasta límites
aún sin determinar, de la población que supera los
sesenta y cinco años, por poner una barrera aceptada por
todos, porque los tramos de edades superiores también están
aumentando.
Unido a todo lo anterior, cabe hacer una mención a la esperanza
de vida, muy ligado a los países desarrollados. En el caso
español la esperanza de vida al nacimiento ha pasado de los
setenta para los varones y setenta y seis para las mujeres en 1975,
a setenta y seis y ochenta años respectivamente en el año
2002. Una tendencia similar sigue Castilla y León y por supuesto
nuestros pueblos, cada vez con más población mayor
y en mejores condiciones de salud que hace unas décadas.
Así pues España presenta uno de los índices
más elevados en lo que se refiere a la esperanza de vida.
Esto puede entenderse como un éxito personal y como un logro
social, debiéndonos sentir orgullosos de ello, por vivir
más años con mejor calidad de vida. Sin embargo también
es cierto que las personas mayores son muy vulnerables a las enfermedades
y a la pérdida de autonomía, lo que les obliga a depender
de otras personas. Una vida sana y optimista les mantendría
en forma y les alejaría del fantasma de la dependencia. Es
necesario por lo tanto prepararnos todos, aunque muy especialmente
son ellos los que tienen que mentalizarse, desarrollando una nueva
interpretación del envejecimiento más activo y pleno
de motivaciones. Es manifestar un reto a la jubilación, de
una forma global, total, sin miedos, sin cortapisas. Es importante
ir adquiriendo hábitos antes de que llegue el momento y ya
sea demasiado tarde, nos coja por sorpresa y nos supere. Es recomendable
una alimentación sana y saludable, ejercicio físico
razonable, actitudes mentales positivas, relaciones sociales, conciencia
de los propios derechos, apoyos asistenciales etc. No me cabe ninguna
duda que la televisión, la prensa escrita, las revistas especializadas,
los libros, explican acertadamente todos estos temas, con grandes
profesionales a la cabeza, con una metodología y didáctica
ejemplar para su aplicación. En la mayoría de los
casos se quedan en agua de borrajas, como recuerdo de buenas intenciones
y mejores deseos, sin ahondar y llegar al destinatario adecuado
con el efecto que se pretende. No hay que mirar para otro lado,
somos nosotros mismos dentro de nuestras posibilidades y capacidades
los que tenemos que servir de médium para favorecer, e incluso
obligar en el mejor sentido de la palabra a que estas buenas intenciones
se conviertan en una realidad efectiva y gratificante. Hay muchas
personas mayores que son reacios a estas iniciativas, por lo tanto
hay que armarse de valor y paciencia, para conseguir que entren
por el aro, que se den cuentan del tiempo precioso que están
perdiendo y que nunca podrán recuperar.
LA FILOSOFÍA
DE SEGUIR VIVIENDO
Nuestro inconsciente
es inaccesible a la idea de cercanía de la propia muerte.
Ahora bien debemos estar preparados para la muerte, sobre todo en
las etapas donde su proximidad es inevitable, como consecuencia
del agotamiento del sistema orgánico y mental. Para soportar
la vida hay que estar dispuestos a soportar la muerte.
El ser humano ha nacido capacitado para vivir todas las edades,
con sus experiencias propias y especiales. Un día notamos
que aquella juventud maravillosa que tuvimos ha desaparecido ¿hemos
perdido ya la identidad y no conseguimos identificarnos como tales?
Cuando llegamos a lo que consideramos inicio de la madurez, deseamos
saborear cada pequeño espacio de nuestra vida, con intensidad.
Hasta no hace mucho tiempo pensábamos que el hecho de cumplir
los cuarenta marcaba un punto de no retorno en nuestras vidas. Hay
una vieja canción celta, que nos ayuda a mantener la ilusión
y el dinamismo a lo largo de nuestra vida, independientemente de
la edad, dice así: “Nunca me preocupé por la edad.
Y ahora menos. Lo único que lamento es lo rápido que
ha sucedido todo”
No nos da miedo envejecer, o quizás sí, lo que si
es seguro es la molestia que supone envejecer. Aparecen las primeras
arrugas alrededor de los ojos, salen las canas a relucir, nos cuelga
la piel de los brazos y el abdomen irrumpe hacia fuera desagradablemente.
Si nos miramos al espejo, el rechazo aún puede ser mayor
si recordamos los años narcisistas, donde todo nos sentaba
bien, y nuestros cuerpos atléticos eran casi perfectos. No
queda más remedio que pensar en positivo, haciendo alarde
de las otras cualidades que tenemos, antes nuestra bisoñez
nos impedía disfrutar. La experiencia sólo se puede
conseguir con los años vividos, y llega a su plenitud en
la última etapa de nuestra vida. ¡Qué se puede
decir de la prudencia!, la sangre caliente de la juventud nos imposibilitaba
serenar los impulsos imprudentes, que la serenidad de la vejez manifiestamente
sensata, eleva dicha cualidad a lo más alto. La libertad,
la intelectualidad, la sensatez, conceptos tan valorados en las
sociedades modernas, tienen su mejor acomodo en el mundo de los
mayores, que queramos o no siguen formando parte de los distintos
mundos.
El pasado juega un papel cada vez más importante, es el momento
ideal para la reflexión, sobre el sentido que ha tenido nuestra
vida, ya en el último curso del río que desemboca
en el mar. Es le periodo de la meditación, del reencuentro
con nuestro interior. En esto estaremos todos de acuerdo, el hecho
de envejecer cuesta, no se acepta, se lleva con mal humor, crea
crisis de identidad, depresiones, y otras cosas. ¿Se hace
algo para evitarlo, en lugar de las lamentaciones permanentes?,
¿se echa la culpa a los otros en lugar de preguntarse quién
tiene la culpa del propio abandono? No es admisible esta posición,
porque hay otros que están preparados para este evento, y
lo llevan con absoluta normalidad. Sólo la fuerza de voluntad,
el firme propósito de no sentirse desplazado por la edad
está en el convencimiento de cada cual, no se pueden buscar
excusas, sencillamente creer en uno mismo, superando las barreras
que se interpongan, precisamente por ser mayor. Encerrarse en la
comodidad de que todo nos lo darán a servir de boca por la
mala costumbre, es un error que es preciso evitar.
Con la naturalidad que merece la ocasión, se exponen seis
medidas negativas para llevar a buen término la experiencia
basada en los aspectos positivos:
1-No dudéis en relacionaros con gente, estar acompañados,
expresándose libremente sin miedo a hacer el ridículo
o meter la pata.
2-No juzguéis vuestras nuevas limitaciones como un síntoma
de debilidad, sino todo lo contrario, como un signo de aprovechamiento
de todo el bagaje que se ha ido adquiriendo con el tiempo, incluidas,
las habilidades y destrezas, capaces de sorprender y emocionar a
los más jóvenes.
3- No se deben reprimir los sentimientos de tristeza que puedan
aparecer.
4-No trates de ser lo que ya no eres, hay que acostumbrarse a los
cambios sufridos en cada momento aceptándoles con naturalidad.
5-No se deben poner limitaciones y frenos a la vida, déjala
fluir.
6-No es conveniente tener prejuicios ni acumular rencores, el rencor
sólo puede conducirnos al abismo.
Decía Oscar Wilde “El drama de la vejez no consiste en ser
viejo, sino en haber sido joven”
El envejecimiento es una de las pocas características que
nos unifican y definen a todos en nuestro mundo pleno de diversidad
y tan cambiante, siempre estamos envejeciendo y esto significa que
estamos vivos y es motivo de celebración. A pesar de que
al aumentar la edad los procesos motores, cognoscitivos y sensoriales
se hacen más lentos, la motivación y la práctica
permiten superar esas desventajas y hacen que las personas de edad
se desempeñen con eficacia. Las capacidades, no dejaré
de repetirlo, de las personas seniles deben ser empleadas con eficiencia.
El tópico de que la vejez es sinónimo de dependencia
no se ajusta a la realidad, aún teniendo en cuenta el riesgo
de enfermedades crónicas y el incremento de la discapacidad.
El porcentaje está en torno al 25% de las personas mayores
de setenta años, que presentan alguna discapacidad funcional
importante, que les impida llevar una vida normal. Por otro lado
es necesario llevar de forma paralela una cultura del envejecimiento
y de la vejez, considerándolos como símbolos de la
experiencia, sabiduría y respeto, contribuyendo al fortalecimiento
de la solidaridad y la complicidad mutua entre generaciones. Es
uno de los objetivos que nos tenemos que proponer en la sociedad
actual, que para bien o para mal es la que nos toca vivir, erradicando
la discriminación y la segregación por motivos de
edad.
Si tiramos una moneda al aire, hay las mismas probabilidades de
que salga, cruz o cara. Hemos asimilado que la cara es lado bueno
de la vida, la fecundidad, la buena suerte… En cambio la cruz es
todo lo contrario, la desgracia, la amargura o la mala suerte, o
la cruz nunca mejor dicho que tenemos que cargar con ella como señal
de redención. En el asunto de envejecer puede suceder exactamente
lo mismo que el ejemplo que he puesto. No hay otro fenómeno
que contenga tanta fuerza destructora contenida, como la del viejo
que exterioriza la maldad bajo la máscara de la virtud con
su patética necesidad del reconocimiento, cargos públicos
y condecoraciones, agravado por una fatua afirmación del
yo. Todavía queda gente que no comulga con estas ideas, haciendo
alarde de grandes dosis de imaginación. De esta manera entiende
Jorge Luis Borges su vejez “Me he resignado a la vejez y a la ceguera,
del mismo modo que uno se resigna a la vida. A los veinticuatro
años se trata de ser Hamlet, Byron, o Boudelaire. Uno cultiva
la desdicha. A los ochenta se advierte que la desdicha no es necesario
cultivarla”.
El dulce envejecimiento consiste en llevar una vida productiva y
sana dentro de la familia, la sociedad y la economía. La
senectud cargada de iniciativas refleja el anhelo y la capacidad
de la persona. No es la sociedad, ni la herencia; no son los mitos
sobre el envejecimiento, ni los tópicos sobre la vejez los
que marcan por si mismos el estilo de vida que debamos llevar en
esta última etapa. Cada uno de nosotros somos responsables
de nuestro envejecimiento. No encontré ninguna cita sobre
la vejez en la extensa obra de Miguel Delibes, posiblemente habrá
varias. Ahora bien se puede afirmar sin temor a equivocarnos, que
él es un ejemplo de envejecimiento dulce, independientemente
de las limitaciones inherentes a su edad, o a la enfermedad. Sigue
escribiendo, con la misma o mayor lucidez que cuando recibió
el premio Nadal.
HISTORIA DE LA VEJEZ
Es conveniente
recordar las distintas acepciones que el diccionario de la RAE asigna
a las palabras, anciano, senil, antiguo, viejo etc… Anciano, simple
y llanamente significa que tiene muchos años; senil, el que
al final de la vida puede dar buenos consejos, de esa palabra deriva
senado. Senado en la antigua Roma era la Asamblea de los patricios
que constituía el Consejo supremo. A sus miembros se les
llamaba senadores, solían ser gentes con mucha experiencia
y entrados en años. Antiguo, significa aquello que merece
ser conservado. Recordemos la frase atribuida a Alfonso X el Sabio:
“…Quemar viejos leños
…Beber viejos vinos
…Leer viejos libros
…Tener viejos amigos”
Hay otras palabras que definen correctamente, y familiarmente aquello
de lo que estamos hablando, tienen un sentido menos peyorativo,
inclusos son graciosas y amables y mejor asumidas, por el que se
sienta aludido. Romper con el eufemismo de todo aquello que se emplea
habitualmente para definir la “tercera edad” empleando palabras
tales como, gastado, decrépito, achacoso o cascarrabias,
pueden ser un buen punto de partida para entender determinadas situaciones,
comprenderlas, conseguir una cierta empatía con los afectados
y actuar en consecuencia.
Al abordar el concepto histórico, o la historia de la vejez,
me parece acertado introducir algunos comentarios sobre el fragmento
de la vejez de Alicia Medieros y Antonio Puente.
Los distintos grupos de edad en que distribuyen los periodos del
ciclo vital no son compartimentos estancos que hayan permanecido
inamovibles a lo largo de la historia y entre las diversas civilizaciones
y culturas, al contrario han sido objeto de una gran elasticidad.
La vejez anteriormente considerada como fuente de prestigio y sabiduría
queda estigmatizada en sus valores tradicionales específicos,
orientándose del mismo modo por aquella impronta de juvenilización
colectiva. Las sociedades antiguas eran proclives a la gerontocracia,
es decir, al gobierno de los ancianos, en detrimento de una valorización
juvenil. Según el testimonio de las tragedias griegas –por
ejemplo Eurípides- en la Grecia clásica se sacrificaba
con la muerte a los jóvenes, porque se temía en ellos
un plus de arrojo que ponía en peligro la estabilidad de
las instituciones sociales.
El afán de ser jóvenes a toda costa ha acabado por
afectar también, para bien o para mal a los viejos.
Numerosos factores han quebrantado este proceso. El ya mencionado
de la juvenilización reduciendo al anciano a un papel meramente
pasivo en la sociedad.
La transformación de la familia troncal en otra meramente
nuclear, han mitigado los valores de la vejez. Antes el patriarca
era la persona más importante de la familia, el que tenía
poder, al que se respetaba y se le prestaba todo tipo de atenciones.
El bisabuelo o el abuelo, era tenido en palmitas, por los padres,
los hijos, los nietos o los biznietos. Ahora bien las transformaciones
experimentadas, tanto en un sentido positivo como en un sentido
negativo, se asientan sobre una profunda paradoja: en la idéntica
medida que aumentan para los mayores las posibilidades de no sentirse
viejo, aumentan también las condiciones para una mayor marginación
hacia la vejez.
No podemos resistirnos a los comentarios que nuestros clásicos,
que hace ya muchos años han realizado sobre la vejez, entonces
tenían muy claro lo que era y significaba ese periodo de
la vida.
Cicerón pone en boca de Catón sus reflexiones a cerca
de las facultades que se pierden y las que se acrecientan con la
vejez.
Fragmento del “Diálogo sobre la vejez” de Cicerón.
Catón:
Reflexionando cuatro causas hallo de por qué se considera
triste a la vejez: primera porque, dicen, retrae de la vida activa;
segunda, porque debilita el cuerpo; tercera, porque priva de casi
todos los placeres; cuarta, porque no dista mucho de la muerte.
Vemos, si os place, qué peso tiene cada una de estas causas.
No vale para los negocios la vejez.- ¿Para cuáles?
¿los que se realizan con la juventud y las fuerzas? ¿Nada
son, pues, las obras de la ancianidad, hechas no con el cuerpo que
declina, sino con el espíritu? ¿Nada hacía
Quinto Máximo? ¿nada, Lucio Paulo, tu padre, suegro
de aquel excelente varón, hijo mío? Los demás
ancianos: Fabricios, Curios, Coruncanios, cuando con sus luces y
su autoridad amparaban a la república, ¿nada hacían?
A la vejez de Apio Claudio agregábase la ceguera. Sin embargo,
inclinando el senado á hacer la paz y alianza con Pirro,
no vaciló en decir lo que en verso expresa Ennio:
“¿Á do las mentes vuestras que sensatas solían
ser, se descaminan locas?”
Nada dicen, pues, los que niegan ser la vejez apta para los negocios;
y aseméjanse á quien dijera que nada hace en la mar
el piloto, pues mientras éstos suben á los mástiles,
aquellos corren por la cubierta, otros desaguan la sentina, aquél,
asido el timón, se está tranquilo sentado en la popa.
No hará lo que los jóvenes; cosas, empero, hace mucho
mayores y mejores. No con el empuje ni la rapidez y agilidad del
cuerpo se da cima á las grandes empresas, sino con el consejo,
la autoridad, la prudencia. Los cuales suele no sólo no perder
la vejez, sino hasta acrecentar.
Pero decrece la memoria.-Lo creo, si no la ejercitas ó también
si eres algo torpe de entendimiento.
Jamás he oído haber un viejo olvidado dónde
enterró un tesoro. Cuanto les importa, recuerdan: citaciones
judiciales, quien les debe, á quién deben ellos.
En el siglo XIX, Walt Whitman publicó la primera de las innumerables
ediciones de Hojas de hierba, un libro de poemas cuya principal
novedad era un tipo de versificación no usado hasta entonces,
y que se alejaba radicalmente del que el poeta había utilizado
en los poemas sentimentales que escribió en la década
anterior. Puesto que en esta obra alaba el cuerpo humano y glorifica
los gozos de los sentidos. Se vio obligado a sufragar él
mismo los gastos de su publicación, y colaborar en las tareas
de imprenta. Su nombre no aparecía en la portada de esta
edición, pero si un retrato suyo en camiseta, con los brazos
en jarras y el sombrero ladeado, en actitud desafiante. En un largo
prefacio, el autor saludaba el advenimiento de una nueva literatura
democrática acorde con el pueblo, sencilla e irreductible,
escrita, por un nuevo tipo de poeta afectuoso, potente y heroico,
que conduciría a los lectores a través de la poesía
con la fuerza de su magnética personalidad. Whitman pasó
el resto de su vida intentando aproximarse a ese modelo de poeta.
Durante la guerra de Secesión. Whitman asistió espiritualmente
a soldados heridos en un hospital militar del bando norteño
de la ciudad de Washington. Continuó trabajando para el gobierno
hasta 1873, en que sufrió un grave ataque que le dejó
como secuela una parálisis parcial. Se marchó entonces
a vivir con su hermano, hasta 1884, año en que compró
su propia casa. En ella vivió, revisando y añadiendo
poemas a Hojas de hierba, hasta su muerte, acaecida en marzo de
1892. Durante esos últimos años, también escribió
obras en prosa de gran calidad, como los ensayos:” Perspectivas
democráticas” que se consideran en la actualidad una exposición
clásica de la teoría de la democracia y sus posibilidades.
Días ejemplares, por otro lado, contiene antiguos textos
sobre la guerra de Secesión y el asesinato del presidente
Lincoln, y notas sobre la naturaleza, escritas durante la vejez.
En 1881 quedó, por fin, satisfecho con sus poemas, pero no
dejó de publicar nuevas ediciones de Hojas de hierba hasta
la versión final de 1892. Póstumamente, en 1897, apareció
un nuevo ciclo de poemas, “Ecos de la vejez, que entró a
formar parte de la versión definitiva de Hojas de hierba.
La biografía de Walt Whitman, de igual manera que su obra
está estrechamente relacionada con el tema que nos traemos
entre manos. En su obra ensalza al cuerpo humano y el gozo de los
sentidos, enlazando con Ecos de la vejez que entra a formar parte
de su obra primorosa, independientemente de la parálisis
parcial, en su vejez continuó trabajando con la misma ilusión
que cuando era joven. En ningún instante le tembló
el pulso, ni se sintió repudiado, fue consciente, ante todo,
que era un ser humano, con las limitaciones que impone el paso del
tiempo, pero con una clarividencia asombrosa. Tuvo tiempo antes
de morir de hablar de esa edad dorada que nadie quiere entenderla
como tal. Aún se puede sentir el placer de los sentidos disfrutando
ampliamente, no ya de la frescura de unos órganos desgastados,
pero si de la práctica de la que tantas veces se ha hecho
gala.
MINIMIZAR
LOS EFECTOS GERIÁTRICOS
BREVE
HISTORIA DE LA GERONTOLOGÍA
Como señala
Birren (1996), la gerontología supone un sujeto de conocimiento
muy antiguo pero es una ciencia extraordinariamente reciente, tan
reciente como el mismo problema de los viejos en el siglo XXI, son
muchos, cada año que pasa son más y no estamos preparados
para ese fenómeno. Es una ciencia que se ha desarrollado
en el siglo pasado. Por un lado, como hemos repetido en otras ocasiones
la mortalidad ha disminuido a la vez que ha aumentado la esperanza
de vida y todo ello, junto a una fuerte caída de las tasas
de natalidad.
La vejez ha sido abordada en los textos antiguos: Así como
destacan las virtudes que adornan a las personas mayores, su papel
de ejemplo o modelo, o como guía y enseñanza. En otras
disciplinas podemos encontrar claros antecedentes de la gerontología,
es el caso de la filosofía. Platón nos presenta una
visión individualista e intimista de la vejez, resalta la
idea de que se envejece como se ha vivido, es un antecedente de
la visión positiva de la vejez. Por el contrario Aristóteles
presenta lo que podríamos llamar la cara negativa, él
considera unas etapas de la vida del hombre: Infancia, juventud,
edad adulta y la senectud, en la que se llega al deterioro y a la
ruina. Considera a la vejez como una enfermedad natural.
Refiriéndonos al comienzo de la investigación científica
sobre esta materia, nos vamos al siglo XVII, donde hallamos el trabajo
de Francis Bacon, “History of life and Death (Historia de la vida
y de la muerte). En este texto Bacon plantea una idea precursora
que se cumplirá tres siglos después, afirmaba que
la vida humana se prolongaría en el momento en que la higiene
y otras condiciones sociales y médicas mejorasen. Sin embargo,
aunque podamos contar con estas ideas geniales, no es hasta el siglo
XIX cuando el trabajo científico en gerontología comienza.
El francés Quetelet es el primero que expresa claramente
la importancia del establecimiento de los principios que rigen el
proceso a través del cual el ser humano nace, crece y muere.
El británico Francis Galton, trabajó en las diferencias
individuales sobre características físicas, sensoriales
y motrices, y en esta línea otros muchos autores.
La historia de la gerontología científica se inaugura
con el norteamericano Cowdry, en un texto por él dirigido
“Problems of Aging”, habla del tratamiento de las condiciones médicas
y físicas de la edad, además se incorporan aspectos
psicológicos y sociales, pudiendo ser considerado como el
primer tratado de gerontología.
Pasada la segunda Guerra Mundial, es cuando se desarrollan la mayor
parte de las asociaciones de gerontología. La Sociedad Española
de Geriatría y Gerontología se creó en 1948.
EL SIGNIFICADO DE LA GERONTOPSICOLOGÍA Y SU TRASCENDENCIA
EN LA ACTUALIDAD
Sin perder
de vista los dos objetivos fundamentales de la gerontología,
como son desde el punto cualitativo, la mejora de la calidad de
vida de las personas mayores, y desde el punto cuantitativo, la
prolongación de la vida.
El declinar de las capacidades físicas y psíquicas,
se produce de forma distinta en cada persona. Por esa razón,
solo es posible manifestar generalidades a cerca del envejecimiento.
En muchas personas se observa por ejemplo, un rejuvenecimiento psíquico
simultáneo a la decadencia corporal o, de forma paralela,
al paulatino retroceso de la memoria, una capacidad de reflexión
mental absolutamente clara. En general el proceso de envejecimiento
se caracteriza por el retroceso de las reacciones de conducta que
sigue el sistema nervioso central, aunque también su intensidad
difiere según cada individuo.
Refiriéndonos a los aspectos Psicológicos de la vejez,
se aprecia la acumulación los denominados acontecimientos
vitales críticos. La capacidad para poder transformar estos
acontecimientos, depende de las perspectivas de vida, es decir,
del tiempo que queda por vivir y de las posibilidades con que se
cuenta, por ejemplo: la movilidad corporal, la capacidad de establecer
nuevas relaciones o de encontrar actividades basadas en la reflexión,
entre otras. El más trascendental es la muerte de la pareja,
aunque deben ser trasformados también los acontecimientos
menos drásticos que suelen ser causa de enfermedades mentales.
Al grupo de enfermedades frecuentes en los ancianos pertenece la
depresión, sobre todo como consecuencia de la soledad. Hay
más aspectos que interesan en este proceso, como son los
psicológicos-evolutivos, se sitúa como elemento básico
la personalidad de las personas mayores, las posibilidades evolutivas
de la personalidad de las personas mayores. Las posibilidades evolutivas
de la personalidad son, en general, limitadas a determinada edad
o periodo vital. Desde el punto de vista psicológico- evolutivo,
el envejecimiento se considera como efecto recíproco entre
la evolución y estabilización de las características
de la personalidad, su rendimiento y regresión. Es preciso
tener en cuenta para concluir con este apartado los aspectos sociales
y psicológicos.
La psicología social, especialmente en los últimos
años, ha hecho del envejecimiento uno de sus campos centrales
de investigación y ha influido y aportado con sus asertos
a la totalidad de la psicología. A la vista del creciente
número de personas mayores en la sociedad, originando una
mayor esperanza de vida y por el descenso de la natalidad en los
países avanzados, ha cambiado la relación entre las
distintas generaciones y la comprensión de sus respectivos
roles. Del mismo modo que los jóvenes redefinen sus roles
y su papel en la sociedad, la tercera edad empieza ha reivindicar
nuevas funciones con más interés que en el pasado.
Aunque este proceso abarca toda la vida y sus efectos varían
según el individuo, se considera que la tercera edad comienza
a los 65 años. Desde 1920, el número de personas en
las sociedades industrializadas que llegan a la tercera edad ha
aumentado de forma considerable. En numerosos países occidentales
la esperanza de vida supera los 70 años (en España
era de 78 años en 1993). En los países en vías
de desarrollo a medida que se van eliminando las enfermedades infantiles
y mejora la sanidad, la esperanza de vida va aumentando.
Los gerontólogos estudian el comportamiento de la sociedad
con las personas mayores y sus principales problemas. Entre los
problemas de salud se encuentra la pérdida normal de audición,
visión y memoria, enfermedad de alzeimer y la mayor incidencia
de enfermedades crónicas. Estas pérdidas que son graduales,
de hecho empiezan con la madurez, avanzan a diferentes velocidades
según el individuo, bien es cierto que este tipo de pérdidas,
no se producen en todas las personas, hay casos que no experimentan
esta pérdida, hasta pasados los 80 años y la gran
mayoría aprenden a adaptarse a las limitaciones de sus problemas
de salud. En general hoy día la salud de las personas mayores
es mejor que la de generaciones anteriores y seguirán mejorando
a medida que se incremente la atención médica a lo
largo de la vida. En la mayoría de las sociedades industrializadas
el alto coste del tratamiento de enfermedades crónicas ha
sido asumido, al menos en parte, por políticas de seguridad
social.
El segundo problema de las personas mayores es el nivel de ingresos
y el bienestar económico. Dado que las personas mayores ya
no trabajan, necesitan disponer de algún tipo de ayuda económica.
En determinadas sociedades, como es el caso de la nuestra, existen
sistemas de pensiones y servicios de seguros médicos. A pesar
de ello, muchas personas mayores (en su mayor parte mujeres y miembros
de grupos étnicos y otras minorías con una seguridad
económica casi siempre precaria) viven prácticamente
en el nivel de pobreza. Uno de los errores en occidente, es la tendencia
a jubilarse voluntariamente antes de los 65 años, cuando
la persona todavía dispone de una capacidad suficiente y
puede aprovecharla, incluso hasta pasado los 70 años dependiendo
del trabajo que desarrolle y las características del mismo.
Las personas mayores, normalmente están casados y viven con
su pareja en su propia casa. Sin embargo, dado que la tasa de mortalidad
del hombre es más alta que la de la mujer, hay una mayoría
de ancianas viudas, que, en occidente, siguen viviendo en su propio
hogar solas. Escasamente el 20% de las personas mayores viven en
el hogar de un hijo adulto, y un 5% en hospitales, instituciones
o residencias. En este caso concreto hay que valorar la independencia
o vida independiente como muy importante, tanto para las personas
mayores como para sus hijos. Este es un factor positivo entendido,
como decisiones libres de los unos y de los otros. El problema surge
cuan hay discapacidades importantes en los que tengan que intervenir,
el factor dinero, y el factor humano, que le suponga una entrega
superior, que le impida llevar a buen término una vida familiar
y de ocio a la que estaba acostumbrado. En aquellos casos en que
el dinero no sea un problema, la incertidumbre se resuelve en el
100% de los casos, aunque puedan quedar cargos de conciencia, por
el deber natural no cumplido. El verdadero problema social, surge
con las dificultades económicas, cuando la voluntad se resiste,
los ancianos no tienen recursos, y los hijos difícilmente
pueden atenderles, las residencias especializadas son escasas, dado
la demanda ascendente, y en muchos casos suponen un coste muy elevado
que no pueden soportar ni el propio anciano, ni la familia. Teniendo
en cuenta que en la tercera edad, las relaciones sociales pueden
estar dificultadas por factores como las limitaciones de salud,
fallecimiento de miembros de la familia y amigos, pérdida
de compañeros de trabajo y falta de un medio de transporte
adecuado al alcance de su bolsillo. En cambio gran parte de los
ancianos invierten todo el tiempo y la energía posible en
estar con amigos y familiares y muchos encuentran nueva compañía
en centros especiales y clubes de ocio para la tercera edad.
Los ancianos existen desde que el hombre apareció como tal
en nuestro planeta. Es evidente que en cada época han tenido
una problemática distinta y nunca como en estos tiempos han
podido disfrutar de tantas posibilidades de vivir ese último
pasaje de la existencia, con tantas posibilidades de realización
y bienestar social. Los avances en la medicina, una mejor alimentación
y un trabajo digno, mejor remunerado y menos penoso, han contribuido
a que la edad no sea un obstáculo para llevar una vida normal,
permitiéndoles hacer muchas actividades. No es posible que
una misma persona por el hecho de dejar de trabajar, pueda caer
en una depresión, o se le venga el mundo encima. Sigue siendo
el mismo, incluso me atrevería a decir, el mismo sí,
pero con muchas más posibilidades por delante. La jornada
adquiere otra dimensión, ya no será esclavo de horarios
rígidos, ni de duras jornadas laborales, ese tiempo libre
lo podrá emplear libremente en sus aficiones, en las fantasías
que pueda haber generado toda una vida llena de anécdotas
y recuerdos. Habrá facetas que nunca practicó anteriormente,
¿por qué no convencerse, que ahora sí puede
desarrollar, actividades que nunca experimentó por falta
de tiempo? Ya no tienen hijos que cuidar. En este trance entran
en juego el cambio de aptitud y, la firmeza de que se puede ser
útil. Hay que convencer a la sociedad y sobre todo a los
más jóvenes, del valor de la experiencia y la sabiduría
que pueden aportar la gente mayor. La mejor manera de conseguirlo
es, actuando desde dentro, desde la iniciativa de los propios mayores,
aunque sea necesario el apoyo institucional en todo aquello que
necesiten. Es necesario aborrecer hábitos sobre la idea que
se tiene de los Hogares de la Tercera Edad. Está muy bien
que existan esos centros como un elemento residual del sistema,
que sirva para disfrutar un rato con amigos y compañeros.
Una alternativa positiva, siempre y cuando sólo se utilice
para esos instantes de ocio. En la actualidad se están convirtiendo
en auténticos guetos, donde el anciano pasa demasiadas horas
disfrutando de un ocio pasivo, que a la larga le desvincula aún
más de la realidad social. En todas las ciudades y pueblos
grandes no faltan estos centros, están siempre llenos. La
imagen que me produce cuando paso por delante y miro por la ventana,
no deja de ser desoladora, los mismos juegos, las mismas conversaciones,
la misma gente, aislados, desechados por los familiares durante
unas horas para que no molesten. Manifiestan que están contentos,
argumentan que están en su mundo. ¿No hay otros lugares,
donde va todo el mundo? ¿Por qué no se atreven? O
¿Por qué no les aconsejan que vayan? ¿Quién
se lo impide? Todos somos culpables, ciudadanos, familiares e instituciones.
Es menester tener en cuenta que sólo un porcentaje muy reducido,
que no supera el 25% del total de la población mayor, tiene
serias discapacidades, necesitando la ayuda de otras personas. En
unos casos son las residencias o centros especializados, en otros
son los familiares, los encargados de suplir sus deficiencias. Pero
el 75% de la población, están en buenas condiciones,
pudiendo hacer una vida normal. Es con estas personas, que son la
mayoría y viven en su hogar, con las que hay que ponerse
a trabajar seriamente para inculcarles la pasión por la vida.
Bien es cierto que son reacios a todo tipo de ingerencia en sus
vidas. Con un poco de tacto y mucha imaginación, desde la
iniciativa privada y desde los poderes públicos, se puede
ofrecer alternativas adecuadas a sus intereses y mentalidad, seguro
que aceptarían de buen grado esas sugerencias, de esta manera
su vida aburrida, sin alicientes, sin saber que hacer, adquiriría
otra dimensión, pensarían menos en el futuro y más
y mejor en el presente.
Una de las experiencias más gratificantes que he podido experimentar,
es charlar distendidamente con una o varias personas mayores, en
la cafetería, en la calle, en un campo de fútbol,
en un teatro, en la playa, en casa, después de ver una película,
de los temas más variados y diversos que se pueda uno imaginar.
El caudal enriquecedor conseguido por ambas partes, fue muy importante,
contribuyendo a una complicidad, que no siempre he conseguido con
jóvenes o personas de mi edad. Es lamentable tener que presenciar
la tendencia que se va incrementando a lo largo del tiempo, de ignorar,
menospreciar y prescindir de todo aquello que huela a viejo, es
un error que no se puede seguir permitiendo el ser humano. Veo a
gente que se avergüenza cada vez que tiene que contestar o
hablar con un anciano, es evidente que falla algo y el pecado está
en nosotros mismos. Estamos demasiado aturdidos por otros menesteres
tecnológicos y nuevas ideas que nos están alejando
de la verdadera esencia de nuestra existencia.
Al titular este epígrafe como “minimizar los efectos geriátricos”,
no he querido dar a entender que la geriatría no sea necesaria
para mejorar la calidad de vida de los ancianos. Es una ciencia
que ha adquirido pleno desarrollo precisamente en el siglo XX, es
y será una disciplina imprescindible. Pero hay otras alternativas
que hay que explotar de forma más intensa y son las que realmente
revitalizarán su desarrollo.
EL
RESULTADO DE UNA VEJEZ BIEN APROVECHADA
Con mis setenta
años y la experiencia de haber acompañado a varias
personas en los últimos meses de su vida, me atrevo a declarar
que tengo competencia suficiente para escribir sobre el tema de
la vejez en toda su extensión, sin que esto excluya mis errores
o las opiniones discrepantes. Este es el testimonio de Gustavo:
“La vejez, es generalmente, una larga y desaprovechada etapa de
la vida que se inicia, de forma curiosa, con una decisión
administrativa, sigue con un periodo muy corto de rebeldía,
continua con una pequeña etapa de acomodación, te
acompaña durante muchos años y termina tras largos
meses de espera.
El primer punto a considerar sería la sorpresa. Es tan lento
el deterioro que sufre el cuerpo que no se nota el cambio hasta
que un día descubres que has entrado en la vejez. Este día
¿es necesario aclararlo? No coincide con la edad de la jubilación;
se produce mucho más tarde. Hasta entonces has bromeado sobre
la vejez, pero pensando siempre en que, con algunas limitaciones
te conservas como un chaval.
La decisión administrativa de jubilación a los sesenta
y cinco años me parece arbitraria, desfasada por el curso
de la propia vida y necesitada de una revisión consensuada.
El aporte de soluciones no corresponde a este artículo.
En los momentos en que la sociedad declara tu jubilación,
surge de forma casi generalizada y siempre espontánea, un
movimiento de rebeldía contra una medida que te declara “viejo”mientras
todavía te sientes joven. Como es una medida definitiva y
sin apelación posible, la postura de rebeldía es puramente
testimonial y se reduce a confidencias con las personas de tu intimidad.
Pasada la posible rabieta, empieza, en todos los casos, un periodo
de corta duración depende de cada persona, pero que nunca
es demasiado largo, en el que debes acomodarte a los criterios fijados
por la sociedad. Entonces es cuando impone determinados criterios
de actuación (lo que está bien visto y lo que está
mal visto), a los que todas las personas mayores han de someterse,
aunque vayan contra su propia realidad. La sociedad decide que a
los sesenta y cinco años debemos dejar de trabajar, lo que
no es ni bueno ni malo, sino simplemente una decisión administrativa;
pero lo peor es que a partir de esa edad, nos condenan a no hacer
ni sentir nada. Nos vemos obligados a concentrarnos en grupos de
iguales o asociaciones para ir a viajar, a cenar y bailar con nuestra
pareja y no desentonar.
Durante el periodo de adaptación, la presión social
es tan fuerte, que terminamos por asumir los criterios que íntimamente
rechazábamos y, en general, las personas mayores acaban por
manifestar emociones y sensibilidad comunes y sólo manifiestan
sus propios sentimientos cuando se encuentran agrupados y se sienten
defendidos desde exterior. Lo mismo que hay un mundo de las mujeres,
en el que los hombres están excluidos, hay un mundo de las
personas mayores también excluyentes.
Tenemos que decir con toda claridad que la vejez es una, posiblemente
larga etapa de la vida, con las mismas condiciones que otra cualquiera
y que debemos afrontar sin temor, asumiendo toda su realidad. Nuestro
cuerpo ha reducido sus capacidades físicas, si me permite
el ejemplo, no podemos subir escaleras corriendo, pero llegaremos
al ático antes que un joven, si utilizamos… el ascensor.
Estos son factores externos que influyen poderosamente en el comportamiento
de las personas mayores, pero también, y quizás más
importante, sean las condiciones personales.
En la vejez, cualquiera que sea la edad, el principal problema a
resolver, es el que plantea la contradicción entre los deseos
y la realidad. Plantear una etapa de tu vida, que puede durar veinte
años o más, con el deseo de una permanente juventud,
lleva a la solución de una frustración permanente
por alcanzar un objetivo imposible, y como consecuencia, a una contradicción
íntima que a su vez, produce una reducción cada vez
mayor de la capacidad social y a dificultades para ajustarse a la
realidad.
Es fundamental adaptarse a la situación real, hay que dejar
de rendir culto a la juventud, tan de moda hoy, como si fuera esa
corta etapa de la vida lo mejor de nuestra existencia. Vamos a ver
si somos capaces de dejar de presumir de jóvenes y presumimos
de mayores dignos. ¿Por qué no mostrarnos como somos?
¿Por qué no decir que a un viejo le parece bella una
mujer de su edad?
Vamos a disfrutar de lo que es propiedad de las personas mayores:
el tiempo libre ya sin urgencias, la serenidad de espíritu
lejos de impulsos juveniles, la reflexión como producto de
la experiencia, una nueva clase de amor sin urgencias, la paz interior
como premio al abandono de rivalidades y dejemos de competir con
los jóvenes, nuestro mundo es otro.
La experiencia debe ser considerada como sabiduría que se
puede compartir con los más jóvenes para beneficio
de todos. Las personas mayores acumulan un tesoro de sabiduría
que está siendo despreciado. Es como una familia que se va
de vacaciones y deja su casa con todas las luces encendidas y la
nevera con la puerta abierta, pero enchufada a la red eléctrica.
Las personas mayores, es posible que se pierdan en la informática
o en la genética, pero saben del odio y del amor, de la realidad
y la traición, de la entrega y el sacrificio.
Llega un momento en la vejez de las personas en que, como los elefantes,
detectan la proximidad de la muerte y ya sólo tienen una
idea que les hace despreocuparse de todo lo que les rodea y se convierte
en una obsesión, que llegue lo antes posible y con ausencia
de dolor. No es una tragedia, no he conocido a nadie que me haya
expresado temor a la muerte, pero todos hablan de que les gustaría
que fuese “rápida y sin dolor.”
Como comenta Ovidio, se siente el abandono de quienes más
nos debían. Es inevitable envejecer, como también
es inevitable la muerte, son acontecimientos a los que tenemos que
familiarizarnos, sin el sentimiento trágico que se les da.
Es atrevido decirlo cuando a uno no le toca, cuando se ve aún
lejano o plasmarlo de forma poética para que sea menos trágico.
La vejez debe ser una etapa que prolonga hasta el final la desaparición
física del cuerpo en el que nos hemos acostumbrado a vivir.
Nunca se podrá admitir la muerte con agrado, si no nos hemos
preparado en el resto de las fases del crecimiento. Los grandes
cambios que se producen en el mundo de la materia, cada día
son mas veloces y complejos, nos privan de pensar en otros menesteres,
como son la trascendencia y a la esencia de nuestro destino final.
No tenemos tiempo o no buscamos el tiempo necesario, para pensar
seriamente sobre los cambios que se están produciendo en
nuestro organismo y sobre todo en nuestra mente. Solamente es la
inmediatez de los acontecimientos lo que nos ocupa. Recibimos tanta
información, que no sólo tenemos dificultades para
procesarla, sino que desvía nuestra atención sobre
lo fundamental, que es conocernos a nosotros mismos, de donde venimos
y hacia donde vamos. A lo largo de la historia se lo preguntó
el hombre, cuando tenía más tiempo para pensar, ahora
hemos ocupado el tiempo en nuevas tecnologías, que aparentemente
nos apartan del tedio. En otras épocas ni los ancianos eran
una carga desagradable, si no todo lo contrario, y por supuesto
la muerte, que es lo más próximo al anciano, era vivida
con tanta angustia. Se vivía con respeto, pero a la vez con
la normalidad y tranquilidad que requiere un acontecimiento tan
natural como el nacimiento.
Debemos considerar a los ancianos en realidad como una parte importante
del tesoro humano y sobrenatural de la humanidad entera. La picaresca
de un mundo deshumanizado, precio inherente al ateismo, se refuerza
en poner de relieve que los ancianos son una carga, subrayando sus
defectos. A este triste naturalismo hedonista sólo hay un
yugo que no le parece insoportable: la esclavitud a placeres desnaturalizados
en un frenesí cada vez más insaciable.
El testimonio de Gustavo y el resto de las reflexiones hechas sobre
el tema que estamos tratando pueden apuntarnos algunas pistas, sobre
los cambios que deben producirse, para que se disfrute de una vejez
bien aprovechada.
El amigo Gustavo ha hecho unas reflexiones, sobre lo que el siente
a sus setenta años y lo que los demás perciben ante
un viejo de esa edad. Plasma afirmaciones que son ciertas, están
a la orden del día, a su vez añade unas pautas para
posicionarse en un determinado lugar. Disfrutar de lo que se tiene
y divertirse en función de sus capacidades. Sin embargo no
es cierto aquello que dice sobre su mundo, considerándolo
que no es el mismo que el mundo de los jóvenes. Sí
es el mismo, de la misma manera que, también es el mismo
el mundo de los adultos. Tampoco se trata de competir los unos con
los otros, sino de complementarse, en función de las capacidades
de cada cual, que no tienen por qué ser menores que las de
un joven o adulto. Un joven o un adulto pueden enseñar muchas
cosas a un anciano, pero por el contrario un anciano puede enseñar
muchas más a ambos.
El resultado de una vejez bien aprovechada debe ser el concurso
de las reflexiones de Gustavo, y el convencimiento de jóvenes
y adultos que también llegarán a esa edad y estarán
en las mismas circunstancias. Por ello deben integrarse esfuerzos
en minimizar los efectos negativos que se han creado en torno a
este fenómeno.
LA
INICIATIVA DEL MUNICIPIO
Las políticas
de atención a la gente mayor que se están desarrollando
en los países occidentales muestran cierto interés,
por el tiempo libre, no como problema sino como oportunidad.
Se pretende evitar un planteamiento artificial de las propuestas,
que surjan de las distintas administraciones públicas, facilitando
o potenciando, en cambio, aquellas iniciativas que, por surgir desde
abajo, mantienen perspectivas de aceptación y éxito
mucho más altos y eficaces.
España, país desarrollado y próspero, presenta
uno de los índices más altos de esperanza de vida
como ya hemos comentado. Esto es un éxito personal y un logro
social, y debemos sentirnos satisfechos por vivir más años
con mejor calidad de vida. Sin embargo, también es cierto
que las personas mayores son más vulnerables a la enfermedad
y a la pérdida de autonomía, obligándoles a
depender del cuidado de otras personas. Una vida sana y optimista
les mantendría en forma y les alejaría del fantasma
de la dependencia. Prepararse para esta nueva etapa y desarrollar
una nueva cultura del envejecimiento, activo y saludable debe ser
uno de los objetivos prioritarios. Se trata de enfrentar el reto
del paso de los años antes de la jubilación, pero
una vez que ésta llega y la forma de vida cambia hay aspectos
básicos a tener en cuenta: una alimentación saludable,
ejercicio físico razonable, actitudes mentales positivas,
relaciones sociales, conciencia de los propios derechos, apoyos
asistenciales de calidad…
Hay que apostar decididamente por las políticas preventivas
socio-sanitarias, así como promocionar la educación
de la salud y fomentar la calidad de vida y bienestar social. En
definitiva de lo que se trata, es conseguir que los jubilados sean
dueños de su propia vida, una vida activa y saludable. Todo
ello compaginado con el desarrollo de una actitud participativa
tanto con personas de su generación, como con otras más
jóvenes, o con las que están necesitadas de atención.
LA
DIMENSIÓN DEL TIEMPO
El tiempo libre en esta etapa es un elemento con una dimensión
diferente. La vejez no puede entenderse sólo como declive,
como decadencia, sino como una nueva fase de desarrollo. Es precisamente
la desertificación de la vida cotidiana de nuestros mayores,
su falta de incentivos de todo tipo, lo que genera el refugiarse
en el pasado como salida. Un presente sin actividades significativas
que incentiven de alguna manera sus ambiciones e ilusiones, contribuirían
de forma inexorable al deterioro de su mente y de su cuerpo con
mayor rapidez.
Se pretende, pues, partir de la constatación de la diversidad
social, intelectual y de condiciones vitales como punto de partida
de este análisis, para con ello estructurar al máximo
los usos y oportunidades que plantea el tiempo libre a disposición
de los jubilados, en una perspectiva de futuro, que motive y de
sentido a la etapa final del desarrollo personal.
¿Qué hacer con el tiempo libre? Se ha venido observando,
en diversos estudios que se han realizado y sobretodo a través
de encuentros, los cambios que se han producido en las actividades
que realizan una vez jubilados de su actividad profesional:
Aumenta en una proporción significativa en torno al 25% el
total de tiempo libre disponible después del retiro.
El porcentaje de tiempo dedicado al cuidado personal crece de forma
importante.
La dedicación a las obligaciones hogareñas también
sufre un relevante incremento, en torno al 70%, y un 25% para las
mujeres.
Las actividades de ocio de carácter pasivo (televisión,
radio) acumulan un mayor tiempo de dedicación sobre todo
a partir de los 70 años.
Se constata un menor índice de participación en actividades
organizadas (cine, teatro, deporte, viajes).
Es fácil deducir que toda persona tiene que pasar por un
tiempo de adaptación, para que los hombres y mujeres que
antaño trabajaban fuera de casa, se mentalicen para realizar
otro tipo de labores a las que no están acostumbrados, como
las tareas del hogar o participar en actividades organizadas etc.
Pensamos en generaciones, que vivieron épocas muy distintas
a las actuales. La situación política, social y económica
de su vida laboral no tiene nada que ver con la actual. Se ha producido
un fenómeno laboral que ha cambiado, tanto la estructura
laboral, como la social y familiar. El rol que juega el hombre y
la mujer, tanto en la familia como en la sociedad, ha llegado a
un cierto equilibrio de intereses y responsabilidades. Estas circunstancias
harán, que cuando las generaciones que trabajan hoy a pleno
rendimiento, cuando llegue el momento de su jubilación, estarán
acostumbrados a gestionar el tiempo de una forma más razonable
y satisfactoria.
En la gestión del tiempo es preciso diferenciar el tiempo
de no ocio y el de ocio.
En el tiempo de no ocio:
Las actividades centradas en el hogar recogen la mayor dedicación
temporal de los ancianos.
La participación de las personas mayores en actividades formativas
suponen un porcentaje muy pequeño.
Las actividades de carácter social, participación
en asociaciones de diverso contenido y voluntariado, son minoritarias.
¿Qué hacen los ancianos en el tiempo de ocio?
Más de una tercera parte del tiempo de ocio de las personas
mayores, están dedicadas a la radio, prensa y televisión.
Es decir actividades que tienen un carácter pasivo. Es mucho
tiempo. No se quiere dar a entender, que sea pernicioso, leer el
periódico o ver la televisión, por el contrario, es
bueno y deseable, pero se debe reducir el tiempo de esas actividades,
sobre todo ver la televisión, que dentro de estas actividades
de ocio es la que más tiempo consume, a favor de otro tipo
de actividades, por ejemplo leer un libro, siempre es mucho más
interesante y beneficioso, por el mayor número de capacidades
que se desarrollan en esa actividad.
Los porcentajes de tiempo dedicados a otras actividades de ocio
resultan ya mucho menos significativas, aunque destaquen las relaciones
interpersonales o el ocio social (visitas a familiares, amigos etc…).
En este sentido las mujeres tienen más facilidad en el trato
social. En cambio los hombres participan en asociaciones, de carácter
político, deportivo o recreativo.
El deporte parece una actividad que ha aumentado su importancia
en los últimos años entre las personas mayores. El
factor de formación previa y el nivel de recursos resulta
determinante para encontrar practicantes de actividades más
estrictamente culturales (visitas a museos, exposiciones, espectáculos
culturales) o lectura.
PROPUESTAS Y LÍNEAS DE TRABAJO
Líneas
de trabajo.
Líneas de trabajo internas:
Como sería el aseo personal, descanso, relax, televisión,
radio, música, bricolaje, hobbys etc…
Líneas de trabajo externas:
Estarían, el trabajo, la actividad productiva, las vacaciones,
los viajes, el cine, el teatro, los conciertos, las visitas, organizaciones
políticas, religiosas, cívicas y voluntariado.
Si prestamos un mínimo de atención, las actividades
que hemos enumerado, tanto internas como externas, no difieren en
absoluto con las actividades que hacen la población activa,
son las mismas. Lo que si cambia es el sentido y la trascendencia
que se les da a estas actividades. Por ejemplo la necesidad de la
actividad en diferentes trabajos e investigaciones, como las personas
mayores que aún mantienen una actividad laboral, lo que más
valoran es la satisfacción intelectual, autonomía
y sensación de ser competente.
Propuestas de trabajo.
- La jubilación como oportunidad de empezar. ¿Significa
que se tenga que realizar la misma actividad que antes, tener las
rutinas establecidas de la misma manera que en la etapa activa?
No necesariamente, para unos empezar significará cambios
de actividad, que no tendrá las connotaciones lucrativas
de antaño, pero se elegirán voluntariamente, bien
como forma de pasar el tiempo, o desarrollando sus propias capacidades.
Para otros será el descubrimiento de nuevos campos relacionados
con el deporte, con la cultura, con la lectura, que hasta este momento
no habían experimentado, por falta de tiempo, por desmotivación
o simplemente porque nunca se lo plantearon. El cambio de actitud
y de mentalidad, con unas buenas dosis de imaginación son
elementos esenciales para esta nueva aventura.
- Revisar el concepto de jubilación, reforzando las posibilidades
de entrada y salida del trabajo, crear asociaciones de jubilados
etc…
Se trataría de crear el ambiente propicio previo a la jubilación,
de hecho ya se está llevando a efecto. Las nuevas leyes,
permiten que una persona pueda acogerse a una figura mixta, permitiendo
al jubilado trabajar una serie de horas y por otro lado cobrar la
parte proporcional de la jubilación que le corresponda. Una
situación intermedia en la que se combina un mayor tiempo
de ocio, con un número determinado de horas de trabajo. Servirá
de preparación para una jubilación definitiva, en
este caso no significaría un cambio brusco, sino una continuidad
que no conduciría agrandes sobresaltos.
- Vincular de forma más clara el aprendizaje de los jóvenes
y la maestría de los ancianos. Este aspecto sería
muy importante. Si ya hemos dicho que estamos viviendo una juvenilización
excesiva, olvidándonos de la sabia experiencia que pueden
aportar las personas mayores, sería un ejemplo para los jóvenes,
que verían en la maestría de los ancianos unas capacidades
que ellos aún no poseen por su bisoñez. Apreciarían
el mérito, el valor, la entrega de estas personas, considerándolas
tan válidas como ellos. Esto supondría un buen servicio
social y a la vez un encuentro generacional gratificante.
- Introducir espacios de jardinería y horticultura. Hay muchos
jubilados que nunca han trabajado en el campo, para estos en concreto,
estas actividades les serviría para hacer un ejercicio muy
sano, vivir los valores ecológicos más de cerca, y
a valorar el medio ambiente en el que nos desenvolvemos con mayor
objetividad. Por otro lado contribuirían con su trabajo a
embellecer sus jardines particulares y proveerse de productos naturales.
Además serían conscientes de que su trabajo voluntario,
sin agobios ha producido sus efectos positivos, animándoles
a seguir viviendo con ilusión, que en definitiva es de lo
que se trata.
- Divulgar la experiencia de cursos de prejubilación, con
la idea de evitar los desenganches y frustraciones de los primeros
años de retiro.
Después
de haber visto algunas de las propuestas de trabajo, es necesario
ilustrar con algunos ejemplos prácticos, las actuaciones
que se han desarrollado en la Comunidad de Castilla Y León.
Los mayores de la comunidad a través de la Consejería
de Familia e Igualdad de oportunidades, ha puesto en marcha un año
más el programa interuniversitario de la Experiencia, una
iniciativa que se desarrolla desde el año 1988. El objetivo
primordial, es facilitar el acercamiento de las personas mayores
a la cultura, al tiempo que beneficia las relaciones sociales de
un colectivo que cada año cuenta con más actividades.
Según los últimos datos el 23% de la población
de Castilla y León supera los 55 años, la Junta ha
puesto en marcha, mediante convenio con 8 universidades de la Comunidad
tanto públicas como privadas, una iniciativa que busca, sobre
todo, el envejecimiento activo de los mayores. En Castilla y León
hay aproximadamente 570.000 personas mayores. En gran parte se trata
de gente muy activa y con ganas de participar en la sociedad. Con
estas iniciativas se pretende contribuir a satisfacer sus intereses
sociales y culturales. Este año la cifra de inscritos es
de tres mil alumnos, un porcentaje muy pequeño, respecto
del total, pero que merece la pena, es una iniciativa más
entre las muchas que se proponen.
Los ayuntamientos a través de sus concejalías de Bienestar
Social deben canalizar adecuadamente las propuestas de sus ciudadanos
mayores en función de sus intereses. Facilitando el acceso
a aquellos que lo demandan.
En algunos municipios de la región se han realizado propuestas,
que han sido acogidas con mucho entusiasmo por parte de la gente
mayor, participando ciudadanos de todas las edades, la tercera edad
ha ganado por mayoría absoluta.
Uno de los proyectos consistía en hacer una exposición
anual, de tipo cultural y artístico en la que tuvieran cabida
todas las edades, sin ningún criterio restrictivo a la hora
de elegir la manifestación artística. Fueron válidos
todos los trabajos que se presentaron.
En una sala adecuada para el evento, en un día señalado
como fue la fiesta patronal, se decidió con buen criterio
hacer una exposición de los trabajos que se realizaron durante
el año. La grata sorpresa iluminó los ojos ávidos
de los vecinos, que acudieron en masa a ver las creaciones de sus
paisanos. Cuadros pintados al óleo, fotografías, poesías,
relatos cortos, esculturas de piedra, tallas de madera, una maqueta
con las casas y calles del pueblo realizadas en cartón, carros
y aperos de labranza hechos en miniatura y labrados en madera y
otros muchos objetos, hicieron las delicias de los visitantes. Nunca
hubiera sido posible conocer las creaciones de la gente mayor, de
no haber sido por esta exposición, ya convertida en encuentro
anual. Es una iniciativa más que ha fomentado las relaciones
entre los vecinos, a conocerse mejor y sobre todo a acercar a los
jóvenes al mundo de los mayores, a entenderse mejor, a crear
unos lazos de unión y comprensión que inevitablemente
favorece la convivencia. Destacar el carácter didáctico
de la exposición, a medida que ibas recorriendo la sala,
en cada obra el propio autor iba explicando todo tipo de detalles
sobre la misma, convirtiéndose el diálogo en una complicidad
que dejaba entrever la cara de satisfacción de sus creadores
y por otro lado el reconocimiento de sus paisanos.
Otra de las actividades que mantienen muy activos a los ancianos,
es el voluntariado, todavía es minoritario, pero aquellos
ancianos que se han atrevido ha realizar esa experiencia han sentido
la profunda satisfacción de sentirse más jóvenes
y más útiles.
En algunos municipios partiendo de una iniciativa de la administración,
se ha programado una serie de cursillos, para los jubilados, destinados
a hacer pasar el rato a otros jubilados acogidos en residencias.
Algunos días de la semana, un monitor especializado en tiempo
libre, imparte una serie de clases teóricas y prácticas
para todos aquellos jubilados que deseen asistir. Con esta iniciativa
se han conseguido dos objetivos: por un lado han adquirido una serie
de conocimientos que les sirve para ir engordando su sabiduría,
adquiriendo conocimientos para poder gestionar su tiempo libre de
una manera más eficaz y por consiguiente disfrutar de una
mejor jubilación. Por otro lado ellos aplican parte de esas
estrategias que han aprendido, para entretener de una manera activa
a las personas de su misma condición. Convertirse en voluntarios
supone para estas personas, ser activos y útiles para la
sociedad. Su labor es reconocida y se sienten reconfortados por
este reconocimiento. Son sólo dos ejemplos, pero hay muchos
campos en los que se puede y se debe trabajar para que esta última
etapa de la vida, por la que todos inexorablemente tenemos que pasar,
no se convierta en un suplicio y tampoco en la desesperación
de una muerte anunciada. Se trata de vivir este periodo de una forma
tranquila, sin sobresaltos y con el convencimiento de ser personas
útiles, normales, plenamente integradas en el entramado social,
sin ser señaladas como un gueto apartado en la colina del
olvido.
La importancia
de la amistad.
Esa mayor disponibilidad de tiempo, favorece el que surjan nuevas
posibilidades de relación, de establecimiento de lazos afectivos,
que retrotraen a la persona mayor a la juventud entendida como la
otra gran fase de surgimiento de amistades. La amistad establece
vínculos de socialización entre iguales, por la misma
problemática que tienen física y mentalmente, se auto
consuelan y se auto compadecen.
La misma diversidad y complicidad de las situaciones vitales, acostumbra
a seguir una similar diversidad y variedad de tipos y grupos de
amistad, a largo, medio y corto plazo.
A largo plazo: características étnicas, de procedencia
y religiosas, se comparten recuerdos y experiencias.
A medio plazo: situaciones de asentamiento vital (profesión,
matrimonio), cambia cada cierto tiempo, pero de manera no muy frecuente.
A corto plazo: Varían al ritmo de los frecuentes cambios,
situaciones o estatus.
En efecto cuando hablamos de amistad, nos referimos a un tipo de
relación interpersonal, que tiene como características
esenciales: igualdad, confianza, asistencia, respeto, aceptación,
tolerancia, espontaneidad, afecto, diversión etc… Cuando
hay una pérdida de autonomía por alguna carencia,
las relaciones pueden romperse.
Propuestas.
Realizar estudios sobre estructuras de amistad en el transcurso
del desarrollo vital.
Realizar estudios sobre nuevas amistades forjadas ya en la fase
post-jubilación, y comparar su funcionalidad con las relaciones
de amistad de etapas anteriores.
Análisis de los apoyos sociales, no familiares, de que disponen
los ancianos, examinando sus orígenes y sus prestaciones,
las razones de su formación, mantenimiento y disolución.
Factores de relación y diferenciación en las conexiones
de amistad atendiendo a distinciones de sexo y estado civil.
Reforzar e incentivar todos aquellos ámbitos en los que puedan
rehacerse, considerarse o iniciarse relaciones de amistad entre
personas mayores (clubes, asociaciones de ancianos, actividades
recreativas).
Importante es el papel de las administraciones y profesionales.
Su labor debe de ser de canalización. La dependencia sólo
crea mayor dependencia o incrementa los procesos de malestar psíquico-físicos.
Propulsar encuentros, jornadas, reuniones, que permitan rehacer
amistades, reencontrar a compañeros y colegas.
CONCLUSIONES.
El asunto de la vejez no se presenta con unas perspectivas demasiado
halagüeñas en la actualidad, es más se nos anuncia
un futuro incierto. Los espacios de socialización se centran
fundamentalmente en la mayoría de los casos, en entretener,
hacer que el tiempo pase y en acumular muchas actividades de carácter
pasivo. Los centros de jubilados, el club de los sesenta, asociaciones
que desarrollan una serie de actividades, que no son desechables,
tampoco se aboga para suprimirlas, pero no son suficientes. Sin
embargo la acogida que han tenido por parte de los mayores ha sido
muy buena, sin dejar de ser un círculo cerrado, donde las
relaciones se circunscriben a su propio ámbito. La mayor
parte del esfuerzo de las administraciones, se traduce en un entretenimiento
en una isla solitaria donde no les queda mas remedio que vivir del
recuerdo, encontrarse con gente de su misma condición, en
la que solamente se habla del pasado, divirtiéndose en los
juegos de siempre. Es triste pensar como esta parte de población
cada vez está más aislada, destacando una sensación
de impotencia, que les obliga a ir descontando días del calendario
de la mejor manera posible. Esta actitud tan pasiva les convierte
en una población que elude todo tipo de responsabilidades,
se auto convencen de que no son útiles para nada, deseando
que vaya pasando el tiempo sin pena ni gloria. Son muy frecuentes
los comentarios tales como “Para lo que me queda de vida no merece
la pena estar pensando en proyectos nuevos, ya he hecho a lo largo
de mi vida todo lo que tenía que hacer” “He estado trabajando
toda la vida, he criado a mis hijos y ya he cumplido”. Son expresiones
frecuentes que demuestran la falta de ilusión, una cierta
desesperanza y el vacío en el que se encuentran, aunque ni
ellos mismos son conscientes de esa situación.
El productivismo que sirve de pauta homogeneizadora a nuestras estructuras
sociales sitúa al jubilado como improductivo, como inútil,
como persona sin papel social.
El planteamiento acostumbrado sobre la vejez, contrasta con el hecho
de que las oportunidades de socialización, además
de escasas, son el producto de una imagen estereotipada de anciano,
en la que socialización sería igual a ocio, descanso
o diversión. Son mensajes culturalmente contrastantes, pero
en la línea de encontrar mejores instrumentos de análisis
y de intervención. Instrumentos adaptables a la transformación
de los modelos de vida, cada vez más rápidamente cambiantes,
cada vez más inciertos, cada vez más unívocos.
De ahí la importancia de resaltar elementos como el factor
trabajo, o las relaciones de amistad, como líneas en las
que incidir para empezar a preparar lo que sería el colectivo
de gente mayor en pocos años. De ahí la importancia
de encontrar espacios de socialización mejores y más
plurales que los que actualmente se ofrecen en centros y asociaciones.
En esa línea deben vertebrarse los esfuerzos, cambiando las
dinámicas de trabajo y orientándolas a fomentar las
actividades externas cuya participación es todavía
minoritaria. Si tenemos en cuneta que en nuestra Comunidad a medida
que van pasando los años del siglo XXI, la población
mayor de 65 años sigue aumentando en su porcentaje dentro
de la pirámide de edad de población, sería
conveniente iniciar políticas y aunar esfuerzos en torno
a una serie de propuestas que se han expuesto, que de momento son
minoritarias. Sería muy beneficioso y saludable, dar la oportunidad
a aquellas personas que estén dispuestas a aprovecharse de
las posibilidades que se les ofrece. Es un reto en el que la sociedad
y administraciones, estatales, autonómicas y municipales
deben implicarse.
Joan Subirats “La vejez como oportunidad” Edita. Instituto de Servicios
Sociales. 1992.
Jorge Bucal. “El camino de las lágrimas” Editorial. Grijalvo.
AVIM-CV (asociación de voluntarios informática mayores)
Comunidad Valenciana.
HYPERLINK "http://www" http://www. Psicología.com/monografias
http:// HYPERLINK "http://www.Cyara.net/abuelos" www.Cyara.net/abuelos
http:// personal.redestb.es/jo.tor/ La vejez.htm
La vejez, Alicia Medieros/ Antonio Puente/ Acento editorial, 1996.
Biblioteca de consulta Microsoft Encarta 2005.
Censo 2001.
Accésit, del 2º Premio Nacional
de Ensayo, de Aldeamayor de San Martín. Bajo el título
“Nuestra Gente, NuestraTierra”
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