Quintanilla de Arriba

LA EDAD DORADA


PUNTO DE PARTIDA

Asistimos a un fenómeno demográfico que a mediados del siglo pasado era impensable. Si observamos la evolución de las pirámides de población, nos encontramos con la sorpresa, del feliz estrechamiento de su base, digo feliz, porque eso significa una mayor esperanza de vida. A los que aún vivimos nos llena de ilusión que los avances en la medicina, nos permitan disfrutar más años de este pasajero viaje, al que estamos condenados o premiados a vivir, en unas condiciones relativamente decentes para unos y denigrantes para otros. El ensanchamiento de la cúspide de la pirámide, significa que hay un mayor número de personas mayores de sesenta y cinco años capaces de aguantar en un buen estado de salud los vaivenes del tiempo. Las razones de este cambio tan espectacular, donde el peso de las personas ancianas con su presencia, reivindican cambios estructurales de las políticas sociales, obedecen a los cambios muy significativos que se han producido en las sociedades desarrolladas. Precisamente a partir del último tercio del siglo XX, en la sociedad española y muy especialmente en los pueblos de Castilla y León, donde la emigración ha arrancado a la población joven de sus lugares de nacimiento, para dejar en sus moradas a los viejos que con su trabajo no consiguieron que sus hijos continuaran su labor en los pueblos. Nuestros desolados pueblos, cada vez más viejos, cada vez más despoblados, cada vez más aislados, cada vez más solos, aunque aún no hemos llegado al abandono, salvo raras excepciones. Hoy mejor que nunca se está invirtiendo en infraestructuras, instalaciones deportivas, lugares de ocio y espacios de recreo, pero no se ha cultivado la creatividad de nuestros mayores.
Otros de los elementos que han condicionado el envejecimiento de la población, ha sido el vertiginoso descenso de la fecundidad. Es decir, si antaño las mujeres tenían una media de tres o cuatro hijos, en la actualidad, el descenso de la natalidad corre el peligro, de abortar las tasas de fecundidad hasta límites inferiores al nivel de reemplazo generacional, no llegando en el mejor de los casos a un hijo por mujer. La pregunta es muy sencilla ¿qué podemos hacer con la gente que se ha aferrado a su tierra, con aquellos que se niegan a abandonar la tierra que les vio nacer, la de sus padres, la de sus abuelos, la de sus bisabuelos? Convendremos todos que la edad no debe ser una frontera para la creación, sino una revitalización del pulso cotidiano que ya los jóvenes no podrán continuar, entre otras razones por que no les hay o su número es escaso.
En el año 2001 la proporción de individuos de sesenta y cinco años o más representaba un 17 %, y según las proyecciones de población realizadas por le INE, en el año 2027 supondrán el 21% del total de la población. Este sustancial crecimiento de nuestros mayores que las sociedades experimentarán en los próximos años, provocarán que la estructura de la población se invierta, si no se corrigen estas tendencias, dándose el fenómeno que Walace denomina seísmo demográfico y Livi Bocci como involución demográfica. Dado que este fenómeno del envejecimiento tiene un carácter estructural, sería conveniente no considerarlo como un problema social, sino más bien como un logro de las sociedades desarrolladas. Por esa razón se requiere una reestructuración, económica, política y social urgente para conseguir los objetivos deseados, acordes con una mesura equilibrada de los recursos, en función de las necesidades que perentoriamente nos reclaman.
Otro elemento a considerares, el descenso de la mortalidad.
A lo largo de las últimas décadas, el declive de la mortalidad en las sociedades desarrolladas se está concentrando en los grupos de edad superiores. Llegando a edades avanzadas cada vez más personas y en mejores condiciones de salud, este matiz es muy importante, por ello me atrevo a recalcar “mejores condiciones de salud”. Eso significa que estas personas están físicamente y mentalmente en unas circunstancias idóneas para desarrollar muchas actividades, que otrora eran impensables, y ahora con la cantidad y calidad del tiempo libre, toda vez abandonada la fase laboral, o dicho de otra manera, la imposición administrativa y legal de dejar de trabajar. La cantidad y calidad del buen hacer lo han demostrado y siguen demostrándolo, a poco que se les permita espacios y facilidades.
El descenso registrado en la mortalidad española durante la década de los años setenta, se continuó, con menos intensidad, en el primer quinquenio de los ochenta. En la década de los noventa siguen observándose nuevas disminuciones en las tasas de mortalidad por edad. En definitiva la tendencia continúa su ascensión hasta límites aún sin determinar, de la población que supera los sesenta y cinco años, por poner una barrera aceptada por todos, porque los tramos de edades superiores también están aumentando.
Unido a todo lo anterior, cabe hacer una mención a la esperanza de vida, muy ligado a los países desarrollados. En el caso español la esperanza de vida al nacimiento ha pasado de los setenta para los varones y setenta y seis para las mujeres en 1975, a setenta y seis y ochenta años respectivamente en el año 2002. Una tendencia similar sigue Castilla y León y por supuesto nuestros pueblos, cada vez con más población mayor y en mejores condiciones de salud que hace unas décadas. Así pues España presenta uno de los índices más elevados en lo que se refiere a la esperanza de vida. Esto puede entenderse como un éxito personal y como un logro social, debiéndonos sentir orgullosos de ello, por vivir más años con mejor calidad de vida. Sin embargo también es cierto que las personas mayores son muy vulnerables a las enfermedades y a la pérdida de autonomía, lo que les obliga a depender de otras personas. Una vida sana y optimista les mantendría en forma y les alejaría del fantasma de la dependencia. Es necesario por lo tanto prepararnos todos, aunque muy especialmente son ellos los que tienen que mentalizarse, desarrollando una nueva interpretación del envejecimiento más activo y pleno de motivaciones. Es manifestar un reto a la jubilación, de una forma global, total, sin miedos, sin cortapisas. Es importante ir adquiriendo hábitos antes de que llegue el momento y ya sea demasiado tarde, nos coja por sorpresa y nos supere. Es recomendable una alimentación sana y saludable, ejercicio físico razonable, actitudes mentales positivas, relaciones sociales, conciencia de los propios derechos, apoyos asistenciales etc. No me cabe ninguna duda que la televisión, la prensa escrita, las revistas especializadas, los libros, explican acertadamente todos estos temas, con grandes profesionales a la cabeza, con una metodología y didáctica ejemplar para su aplicación. En la mayoría de los casos se quedan en agua de borrajas, como recuerdo de buenas intenciones y mejores deseos, sin ahondar y llegar al destinatario adecuado con el efecto que se pretende. No hay que mirar para otro lado, somos nosotros mismos dentro de nuestras posibilidades y capacidades los que tenemos que servir de médium para favorecer, e incluso obligar en el mejor sentido de la palabra a que estas buenas intenciones se conviertan en una realidad efectiva y gratificante. Hay muchas personas mayores que son reacios a estas iniciativas, por lo tanto hay que armarse de valor y paciencia, para conseguir que entren por el aro, que se den cuentan del tiempo precioso que están perdiendo y que nunca podrán recuperar.

LA FILOSOFÍA DE SEGUIR VIVIENDO

Nuestro inconsciente es inaccesible a la idea de cercanía de la propia muerte. Ahora bien debemos estar preparados para la muerte, sobre todo en las etapas donde su proximidad es inevitable, como consecuencia del agotamiento del sistema orgánico y mental. Para soportar la vida hay que estar dispuestos a soportar la muerte.
El ser humano ha nacido capacitado para vivir todas las edades, con sus experiencias propias y especiales. Un día notamos que aquella juventud maravillosa que tuvimos ha desaparecido ¿hemos perdido ya la identidad y no conseguimos identificarnos como tales? Cuando llegamos a lo que consideramos inicio de la madurez, deseamos saborear cada pequeño espacio de nuestra vida, con intensidad. Hasta no hace mucho tiempo pensábamos que el hecho de cumplir los cuarenta marcaba un punto de no retorno en nuestras vidas. Hay una vieja canción celta, que nos ayuda a mantener la ilusión y el dinamismo a lo largo de nuestra vida, independientemente de la edad, dice así: “Nunca me preocupé por la edad. Y ahora menos. Lo único que lamento es lo rápido que ha sucedido todo”
No nos da miedo envejecer, o quizás sí, lo que si es seguro es la molestia que supone envejecer. Aparecen las primeras arrugas alrededor de los ojos, salen las canas a relucir, nos cuelga la piel de los brazos y el abdomen irrumpe hacia fuera desagradablemente. Si nos miramos al espejo, el rechazo aún puede ser mayor si recordamos los años narcisistas, donde todo nos sentaba bien, y nuestros cuerpos atléticos eran casi perfectos. No queda más remedio que pensar en positivo, haciendo alarde de las otras cualidades que tenemos, antes nuestra bisoñez nos impedía disfrutar. La experiencia sólo se puede conseguir con los años vividos, y llega a su plenitud en la última etapa de nuestra vida. ¡Qué se puede decir de la prudencia!, la sangre caliente de la juventud nos imposibilitaba serenar los impulsos imprudentes, que la serenidad de la vejez manifiestamente sensata, eleva dicha cualidad a lo más alto. La libertad, la intelectualidad, la sensatez, conceptos tan valorados en las sociedades modernas, tienen su mejor acomodo en el mundo de los mayores, que queramos o no siguen formando parte de los distintos mundos.
El pasado juega un papel cada vez más importante, es el momento ideal para la reflexión, sobre el sentido que ha tenido nuestra vida, ya en el último curso del río que desemboca en el mar. Es le periodo de la meditación, del reencuentro con nuestro interior. En esto estaremos todos de acuerdo, el hecho de envejecer cuesta, no se acepta, se lleva con mal humor, crea crisis de identidad, depresiones, y otras cosas. ¿Se hace algo para evitarlo, en lugar de las lamentaciones permanentes?, ¿se echa la culpa a los otros en lugar de preguntarse quién tiene la culpa del propio abandono? No es admisible esta posición, porque hay otros que están preparados para este evento, y lo llevan con absoluta normalidad. Sólo la fuerza de voluntad, el firme propósito de no sentirse desplazado por la edad está en el convencimiento de cada cual, no se pueden buscar excusas, sencillamente creer en uno mismo, superando las barreras que se interpongan, precisamente por ser mayor. Encerrarse en la comodidad de que todo nos lo darán a servir de boca por la mala costumbre, es un error que es preciso evitar.
Con la naturalidad que merece la ocasión, se exponen seis medidas negativas para llevar a buen término la experiencia basada en los aspectos positivos:
1-No dudéis en relacionaros con gente, estar acompañados, expresándose libremente sin miedo a hacer el ridículo o meter la pata.
2-No juzguéis vuestras nuevas limitaciones como un síntoma de debilidad, sino todo lo contrario, como un signo de aprovechamiento de todo el bagaje que se ha ido adquiriendo con el tiempo, incluidas, las habilidades y destrezas, capaces de sorprender y emocionar a los más jóvenes.
3- No se deben reprimir los sentimientos de tristeza que puedan aparecer.
4-No trates de ser lo que ya no eres, hay que acostumbrarse a los cambios sufridos en cada momento aceptándoles con naturalidad.
5-No se deben poner limitaciones y frenos a la vida, déjala fluir.
6-No es conveniente tener prejuicios ni acumular rencores, el rencor sólo puede conducirnos al abismo.
Decía Oscar Wilde “El drama de la vejez no consiste en ser viejo, sino en haber sido joven”
El envejecimiento es una de las pocas características que nos unifican y definen a todos en nuestro mundo pleno de diversidad y tan cambiante, siempre estamos envejeciendo y esto significa que estamos vivos y es motivo de celebración. A pesar de que al aumentar la edad los procesos motores, cognoscitivos y sensoriales se hacen más lentos, la motivación y la práctica permiten superar esas desventajas y hacen que las personas de edad se desempeñen con eficacia. Las capacidades, no dejaré de repetirlo, de las personas seniles deben ser empleadas con eficiencia. El tópico de que la vejez es sinónimo de dependencia no se ajusta a la realidad, aún teniendo en cuenta el riesgo de enfermedades crónicas y el incremento de la discapacidad. El porcentaje está en torno al 25% de las personas mayores de setenta años, que presentan alguna discapacidad funcional importante, que les impida llevar una vida normal. Por otro lado es necesario llevar de forma paralela una cultura del envejecimiento y de la vejez, considerándolos como símbolos de la experiencia, sabiduría y respeto, contribuyendo al fortalecimiento de la solidaridad y la complicidad mutua entre generaciones. Es uno de los objetivos que nos tenemos que proponer en la sociedad actual, que para bien o para mal es la que nos toca vivir, erradicando la discriminación y la segregación por motivos de edad.
Si tiramos una moneda al aire, hay las mismas probabilidades de que salga, cruz o cara. Hemos asimilado que la cara es lado bueno de la vida, la fecundidad, la buena suerte… En cambio la cruz es todo lo contrario, la desgracia, la amargura o la mala suerte, o la cruz nunca mejor dicho que tenemos que cargar con ella como señal de redención. En el asunto de envejecer puede suceder exactamente lo mismo que el ejemplo que he puesto. No hay otro fenómeno que contenga tanta fuerza destructora contenida, como la del viejo que exterioriza la maldad bajo la máscara de la virtud con su patética necesidad del reconocimiento, cargos públicos y condecoraciones, agravado por una fatua afirmación del yo. Todavía queda gente que no comulga con estas ideas, haciendo alarde de grandes dosis de imaginación. De esta manera entiende Jorge Luis Borges su vejez “Me he resignado a la vejez y a la ceguera, del mismo modo que uno se resigna a la vida. A los veinticuatro años se trata de ser Hamlet, Byron, o Boudelaire. Uno cultiva la desdicha. A los ochenta se advierte que la desdicha no es necesario cultivarla”.
El dulce envejecimiento consiste en llevar una vida productiva y sana dentro de la familia, la sociedad y la economía. La senectud cargada de iniciativas refleja el anhelo y la capacidad de la persona. No es la sociedad, ni la herencia; no son los mitos sobre el envejecimiento, ni los tópicos sobre la vejez los que marcan por si mismos el estilo de vida que debamos llevar en esta última etapa. Cada uno de nosotros somos responsables de nuestro envejecimiento. No encontré ninguna cita sobre la vejez en la extensa obra de Miguel Delibes, posiblemente habrá varias. Ahora bien se puede afirmar sin temor a equivocarnos, que él es un ejemplo de envejecimiento dulce, independientemente de las limitaciones inherentes a su edad, o a la enfermedad. Sigue escribiendo, con la misma o mayor lucidez que cuando recibió el premio Nadal.

HISTORIA DE LA VEJEZ

Es conveniente recordar las distintas acepciones que el diccionario de la RAE asigna a las palabras, anciano, senil, antiguo, viejo etc… Anciano, simple y llanamente significa que tiene muchos años; senil, el que al final de la vida puede dar buenos consejos, de esa palabra deriva senado. Senado en la antigua Roma era la Asamblea de los patricios que constituía el Consejo supremo. A sus miembros se les llamaba senadores, solían ser gentes con mucha experiencia y entrados en años. Antiguo, significa aquello que merece ser conservado. Recordemos la frase atribuida a Alfonso X el Sabio:
“…Quemar viejos leños
…Beber viejos vinos
…Leer viejos libros
…Tener viejos amigos”
Hay otras palabras que definen correctamente, y familiarmente aquello de lo que estamos hablando, tienen un sentido menos peyorativo, inclusos son graciosas y amables y mejor asumidas, por el que se sienta aludido. Romper con el eufemismo de todo aquello que se emplea habitualmente para definir la “tercera edad” empleando palabras tales como, gastado, decrépito, achacoso o cascarrabias, pueden ser un buen punto de partida para entender determinadas situaciones, comprenderlas, conseguir una cierta empatía con los afectados y actuar en consecuencia.
Al abordar el concepto histórico, o la historia de la vejez, me parece acertado introducir algunos comentarios sobre el fragmento de la vejez de Alicia Medieros y Antonio Puente.
Los distintos grupos de edad en que distribuyen los periodos del ciclo vital no son compartimentos estancos que hayan permanecido inamovibles a lo largo de la historia y entre las diversas civilizaciones y culturas, al contrario han sido objeto de una gran elasticidad. La vejez anteriormente considerada como fuente de prestigio y sabiduría queda estigmatizada en sus valores tradicionales específicos, orientándose del mismo modo por aquella impronta de juvenilización colectiva. Las sociedades antiguas eran proclives a la gerontocracia, es decir, al gobierno de los ancianos, en detrimento de una valorización juvenil. Según el testimonio de las tragedias griegas –por ejemplo Eurípides- en la Grecia clásica se sacrificaba con la muerte a los jóvenes, porque se temía en ellos un plus de arrojo que ponía en peligro la estabilidad de las instituciones sociales.
El afán de ser jóvenes a toda costa ha acabado por afectar también, para bien o para mal a los viejos.
Numerosos factores han quebrantado este proceso. El ya mencionado de la juvenilización reduciendo al anciano a un papel meramente pasivo en la sociedad.
La transformación de la familia troncal en otra meramente nuclear, han mitigado los valores de la vejez. Antes el patriarca era la persona más importante de la familia, el que tenía poder, al que se respetaba y se le prestaba todo tipo de atenciones. El bisabuelo o el abuelo, era tenido en palmitas, por los padres, los hijos, los nietos o los biznietos. Ahora bien las transformaciones experimentadas, tanto en un sentido positivo como en un sentido negativo, se asientan sobre una profunda paradoja: en la idéntica medida que aumentan para los mayores las posibilidades de no sentirse viejo, aumentan también las condiciones para una mayor marginación hacia la vejez.
No podemos resistirnos a los comentarios que nuestros clásicos, que hace ya muchos años han realizado sobre la vejez, entonces tenían muy claro lo que era y significaba ese periodo de la vida.
Cicerón pone en boca de Catón sus reflexiones a cerca de las facultades que se pierden y las que se acrecientan con la vejez.
Fragmento del “Diálogo sobre la vejez” de Cicerón.
Catón:
Reflexionando cuatro causas hallo de por qué se considera triste a la vejez: primera porque, dicen, retrae de la vida activa; segunda, porque debilita el cuerpo; tercera, porque priva de casi todos los placeres; cuarta, porque no dista mucho de la muerte. Vemos, si os place, qué peso tiene cada una de estas causas.
No vale para los negocios la vejez.- ¿Para cuáles? ¿los que se realizan con la juventud y las fuerzas? ¿Nada son, pues, las obras de la ancianidad, hechas no con el cuerpo que declina, sino con el espíritu? ¿Nada hacía Quinto Máximo? ¿nada, Lucio Paulo, tu padre, suegro de aquel excelente varón, hijo mío? Los demás ancianos: Fabricios, Curios, Coruncanios, cuando con sus luces y su autoridad amparaban a la república, ¿nada hacían?
A la vejez de Apio Claudio agregábase la ceguera. Sin embargo, inclinando el senado á hacer la paz y alianza con Pirro, no vaciló en decir lo que en verso expresa Ennio:
“¿Á do las mentes vuestras que sensatas solían ser, se descaminan locas?”
Nada dicen, pues, los que niegan ser la vejez apta para los negocios; y aseméjanse á quien dijera que nada hace en la mar el piloto, pues mientras éstos suben á los mástiles, aquellos corren por la cubierta, otros desaguan la sentina, aquél, asido el timón, se está tranquilo sentado en la popa. No hará lo que los jóvenes; cosas, empero, hace mucho mayores y mejores. No con el empuje ni la rapidez y agilidad del cuerpo se da cima á las grandes empresas, sino con el consejo, la autoridad, la prudencia. Los cuales suele no sólo no perder la vejez, sino hasta acrecentar.
Pero decrece la memoria.-Lo creo, si no la ejercitas ó también si eres algo torpe de entendimiento.
Jamás he oído haber un viejo olvidado dónde enterró un tesoro. Cuanto les importa, recuerdan: citaciones judiciales, quien les debe, á quién deben ellos.
En el siglo XIX, Walt Whitman publicó la primera de las innumerables ediciones de Hojas de hierba, un libro de poemas cuya principal novedad era un tipo de versificación no usado hasta entonces, y que se alejaba radicalmente del que el poeta había utilizado en los poemas sentimentales que escribió en la década anterior. Puesto que en esta obra alaba el cuerpo humano y glorifica los gozos de los sentidos. Se vio obligado a sufragar él mismo los gastos de su publicación, y colaborar en las tareas de imprenta. Su nombre no aparecía en la portada de esta edición, pero si un retrato suyo en camiseta, con los brazos en jarras y el sombrero ladeado, en actitud desafiante. En un largo prefacio, el autor saludaba el advenimiento de una nueva literatura democrática acorde con el pueblo, sencilla e irreductible, escrita, por un nuevo tipo de poeta afectuoso, potente y heroico, que conduciría a los lectores a través de la poesía con la fuerza de su magnética personalidad. Whitman pasó el resto de su vida intentando aproximarse a ese modelo de poeta.
Durante la guerra de Secesión. Whitman asistió espiritualmente a soldados heridos en un hospital militar del bando norteño de la ciudad de Washington. Continuó trabajando para el gobierno hasta 1873, en que sufrió un grave ataque que le dejó como secuela una parálisis parcial. Se marchó entonces a vivir con su hermano, hasta 1884, año en que compró su propia casa. En ella vivió, revisando y añadiendo poemas a Hojas de hierba, hasta su muerte, acaecida en marzo de 1892. Durante esos últimos años, también escribió obras en prosa de gran calidad, como los ensayos:” Perspectivas democráticas” que se consideran en la actualidad una exposición clásica de la teoría de la democracia y sus posibilidades. Días ejemplares, por otro lado, contiene antiguos textos sobre la guerra de Secesión y el asesinato del presidente Lincoln, y notas sobre la naturaleza, escritas durante la vejez.
En 1881 quedó, por fin, satisfecho con sus poemas, pero no dejó de publicar nuevas ediciones de Hojas de hierba hasta la versión final de 1892. Póstumamente, en 1897, apareció un nuevo ciclo de poemas, “Ecos de la vejez, que entró a formar parte de la versión definitiva de Hojas de hierba.
La biografía de Walt Whitman, de igual manera que su obra está estrechamente relacionada con el tema que nos traemos entre manos. En su obra ensalza al cuerpo humano y el gozo de los sentidos, enlazando con Ecos de la vejez que entra a formar parte de su obra primorosa, independientemente de la parálisis parcial, en su vejez continuó trabajando con la misma ilusión que cuando era joven. En ningún instante le tembló el pulso, ni se sintió repudiado, fue consciente, ante todo, que era un ser humano, con las limitaciones que impone el paso del tiempo, pero con una clarividencia asombrosa. Tuvo tiempo antes de morir de hablar de esa edad dorada que nadie quiere entenderla como tal. Aún se puede sentir el placer de los sentidos disfrutando ampliamente, no ya de la frescura de unos órganos desgastados, pero si de la práctica de la que tantas veces se ha hecho gala.

MINIMIZAR LOS EFECTOS GERIÁTRICOS

BREVE HISTORIA DE LA GERONTOLOGÍA

Como señala Birren (1996), la gerontología supone un sujeto de conocimiento muy antiguo pero es una ciencia extraordinariamente reciente, tan reciente como el mismo problema de los viejos en el siglo XXI, son muchos, cada año que pasa son más y no estamos preparados para ese fenómeno. Es una ciencia que se ha desarrollado en el siglo pasado. Por un lado, como hemos repetido en otras ocasiones la mortalidad ha disminuido a la vez que ha aumentado la esperanza de vida y todo ello, junto a una fuerte caída de las tasas de natalidad.
La vejez ha sido abordada en los textos antiguos: Así como destacan las virtudes que adornan a las personas mayores, su papel de ejemplo o modelo, o como guía y enseñanza. En otras disciplinas podemos encontrar claros antecedentes de la gerontología, es el caso de la filosofía. Platón nos presenta una visión individualista e intimista de la vejez, resalta la idea de que se envejece como se ha vivido, es un antecedente de la visión positiva de la vejez. Por el contrario Aristóteles presenta lo que podríamos llamar la cara negativa, él considera unas etapas de la vida del hombre: Infancia, juventud, edad adulta y la senectud, en la que se llega al deterioro y a la ruina. Considera a la vejez como una enfermedad natural.
Refiriéndonos al comienzo de la investigación científica sobre esta materia, nos vamos al siglo XVII, donde hallamos el trabajo de Francis Bacon, “History of life and Death (Historia de la vida y de la muerte). En este texto Bacon plantea una idea precursora que se cumplirá tres siglos después, afirmaba que la vida humana se prolongaría en el momento en que la higiene y otras condiciones sociales y médicas mejorasen. Sin embargo, aunque podamos contar con estas ideas geniales, no es hasta el siglo XIX cuando el trabajo científico en gerontología comienza.
El francés Quetelet es el primero que expresa claramente la importancia del establecimiento de los principios que rigen el proceso a través del cual el ser humano nace, crece y muere.
El británico Francis Galton, trabajó en las diferencias individuales sobre características físicas, sensoriales y motrices, y en esta línea otros muchos autores.
La historia de la gerontología científica se inaugura con el norteamericano Cowdry, en un texto por él dirigido “Problems of Aging”, habla del tratamiento de las condiciones médicas y físicas de la edad, además se incorporan aspectos psicológicos y sociales, pudiendo ser considerado como el primer tratado de gerontología.
Pasada la segunda Guerra Mundial, es cuando se desarrollan la mayor parte de las asociaciones de gerontología. La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología se creó en 1948.

EL SIGNIFICADO DE LA GERONTOPSICOLOGÍA Y SU TRASCENDENCIA EN LA ACTUALIDAD

Sin perder de vista los dos objetivos fundamentales de la gerontología, como son desde el punto cualitativo, la mejora de la calidad de vida de las personas mayores, y desde el punto cuantitativo, la prolongación de la vida.
El declinar de las capacidades físicas y psíquicas, se produce de forma distinta en cada persona. Por esa razón, solo es posible manifestar generalidades a cerca del envejecimiento. En muchas personas se observa por ejemplo, un rejuvenecimiento psíquico simultáneo a la decadencia corporal o, de forma paralela, al paulatino retroceso de la memoria, una capacidad de reflexión mental absolutamente clara. En general el proceso de envejecimiento se caracteriza por el retroceso de las reacciones de conducta que sigue el sistema nervioso central, aunque también su intensidad difiere según cada individuo.
Refiriéndonos a los aspectos Psicológicos de la vejez, se aprecia la acumulación los denominados acontecimientos vitales críticos. La capacidad para poder transformar estos acontecimientos, depende de las perspectivas de vida, es decir, del tiempo que queda por vivir y de las posibilidades con que se cuenta, por ejemplo: la movilidad corporal, la capacidad de establecer nuevas relaciones o de encontrar actividades basadas en la reflexión, entre otras. El más trascendental es la muerte de la pareja, aunque deben ser trasformados también los acontecimientos menos drásticos que suelen ser causa de enfermedades mentales. Al grupo de enfermedades frecuentes en los ancianos pertenece la depresión, sobre todo como consecuencia de la soledad. Hay más aspectos que interesan en este proceso, como son los psicológicos-evolutivos, se sitúa como elemento básico la personalidad de las personas mayores, las posibilidades evolutivas de la personalidad de las personas mayores. Las posibilidades evolutivas de la personalidad son, en general, limitadas a determinada edad o periodo vital. Desde el punto de vista psicológico- evolutivo, el envejecimiento se considera como efecto recíproco entre la evolución y estabilización de las características de la personalidad, su rendimiento y regresión. Es preciso tener en cuenta para concluir con este apartado los aspectos sociales y psicológicos.
La psicología social, especialmente en los últimos años, ha hecho del envejecimiento uno de sus campos centrales de investigación y ha influido y aportado con sus asertos a la totalidad de la psicología. A la vista del creciente número de personas mayores en la sociedad, originando una mayor esperanza de vida y por el descenso de la natalidad en los países avanzados, ha cambiado la relación entre las distintas generaciones y la comprensión de sus respectivos roles. Del mismo modo que los jóvenes redefinen sus roles y su papel en la sociedad, la tercera edad empieza ha reivindicar nuevas funciones con más interés que en el pasado.
Aunque este proceso abarca toda la vida y sus efectos varían según el individuo, se considera que la tercera edad comienza a los 65 años. Desde 1920, el número de personas en las sociedades industrializadas que llegan a la tercera edad ha aumentado de forma considerable. En numerosos países occidentales la esperanza de vida supera los 70 años (en España era de 78 años en 1993). En los países en vías de desarrollo a medida que se van eliminando las enfermedades infantiles y mejora la sanidad, la esperanza de vida va aumentando.
Los gerontólogos estudian el comportamiento de la sociedad con las personas mayores y sus principales problemas. Entre los problemas de salud se encuentra la pérdida normal de audición, visión y memoria, enfermedad de alzeimer y la mayor incidencia de enfermedades crónicas. Estas pérdidas que son graduales, de hecho empiezan con la madurez, avanzan a diferentes velocidades según el individuo, bien es cierto que este tipo de pérdidas, no se producen en todas las personas, hay casos que no experimentan esta pérdida, hasta pasados los 80 años y la gran mayoría aprenden a adaptarse a las limitaciones de sus problemas de salud. En general hoy día la salud de las personas mayores es mejor que la de generaciones anteriores y seguirán mejorando a medida que se incremente la atención médica a lo largo de la vida. En la mayoría de las sociedades industrializadas el alto coste del tratamiento de enfermedades crónicas ha sido asumido, al menos en parte, por políticas de seguridad social.
El segundo problema de las personas mayores es el nivel de ingresos y el bienestar económico. Dado que las personas mayores ya no trabajan, necesitan disponer de algún tipo de ayuda económica. En determinadas sociedades, como es el caso de la nuestra, existen sistemas de pensiones y servicios de seguros médicos. A pesar de ello, muchas personas mayores (en su mayor parte mujeres y miembros de grupos étnicos y otras minorías con una seguridad económica casi siempre precaria) viven prácticamente en el nivel de pobreza. Uno de los errores en occidente, es la tendencia a jubilarse voluntariamente antes de los 65 años, cuando la persona todavía dispone de una capacidad suficiente y puede aprovecharla, incluso hasta pasado los 70 años dependiendo del trabajo que desarrolle y las características del mismo.
Las personas mayores, normalmente están casados y viven con su pareja en su propia casa. Sin embargo, dado que la tasa de mortalidad del hombre es más alta que la de la mujer, hay una mayoría de ancianas viudas, que, en occidente, siguen viviendo en su propio hogar solas. Escasamente el 20% de las personas mayores viven en el hogar de un hijo adulto, y un 5% en hospitales, instituciones o residencias. En este caso concreto hay que valorar la independencia o vida independiente como muy importante, tanto para las personas mayores como para sus hijos. Este es un factor positivo entendido, como decisiones libres de los unos y de los otros. El problema surge cuan hay discapacidades importantes en los que tengan que intervenir, el factor dinero, y el factor humano, que le suponga una entrega superior, que le impida llevar a buen término una vida familiar y de ocio a la que estaba acostumbrado. En aquellos casos en que el dinero no sea un problema, la incertidumbre se resuelve en el 100% de los casos, aunque puedan quedar cargos de conciencia, por el deber natural no cumplido. El verdadero problema social, surge con las dificultades económicas, cuando la voluntad se resiste, los ancianos no tienen recursos, y los hijos difícilmente pueden atenderles, las residencias especializadas son escasas, dado la demanda ascendente, y en muchos casos suponen un coste muy elevado que no pueden soportar ni el propio anciano, ni la familia. Teniendo en cuenta que en la tercera edad, las relaciones sociales pueden estar dificultadas por factores como las limitaciones de salud, fallecimiento de miembros de la familia y amigos, pérdida de compañeros de trabajo y falta de un medio de transporte adecuado al alcance de su bolsillo. En cambio gran parte de los ancianos invierten todo el tiempo y la energía posible en estar con amigos y familiares y muchos encuentran nueva compañía en centros especiales y clubes de ocio para la tercera edad.
Los ancianos existen desde que el hombre apareció como tal en nuestro planeta. Es evidente que en cada época han tenido una problemática distinta y nunca como en estos tiempos han podido disfrutar de tantas posibilidades de vivir ese último pasaje de la existencia, con tantas posibilidades de realización y bienestar social. Los avances en la medicina, una mejor alimentación y un trabajo digno, mejor remunerado y menos penoso, han contribuido a que la edad no sea un obstáculo para llevar una vida normal, permitiéndoles hacer muchas actividades. No es posible que una misma persona por el hecho de dejar de trabajar, pueda caer en una depresión, o se le venga el mundo encima. Sigue siendo el mismo, incluso me atrevería a decir, el mismo sí, pero con muchas más posibilidades por delante. La jornada adquiere otra dimensión, ya no será esclavo de horarios rígidos, ni de duras jornadas laborales, ese tiempo libre lo podrá emplear libremente en sus aficiones, en las fantasías que pueda haber generado toda una vida llena de anécdotas y recuerdos. Habrá facetas que nunca practicó anteriormente, ¿por qué no convencerse, que ahora sí puede desarrollar, actividades que nunca experimentó por falta de tiempo? Ya no tienen hijos que cuidar. En este trance entran en juego el cambio de aptitud y, la firmeza de que se puede ser útil. Hay que convencer a la sociedad y sobre todo a los más jóvenes, del valor de la experiencia y la sabiduría que pueden aportar la gente mayor. La mejor manera de conseguirlo es, actuando desde dentro, desde la iniciativa de los propios mayores, aunque sea necesario el apoyo institucional en todo aquello que necesiten. Es necesario aborrecer hábitos sobre la idea que se tiene de los Hogares de la Tercera Edad. Está muy bien que existan esos centros como un elemento residual del sistema, que sirva para disfrutar un rato con amigos y compañeros. Una alternativa positiva, siempre y cuando sólo se utilice para esos instantes de ocio. En la actualidad se están convirtiendo en auténticos guetos, donde el anciano pasa demasiadas horas disfrutando de un ocio pasivo, que a la larga le desvincula aún más de la realidad social. En todas las ciudades y pueblos grandes no faltan estos centros, están siempre llenos. La imagen que me produce cuando paso por delante y miro por la ventana, no deja de ser desoladora, los mismos juegos, las mismas conversaciones, la misma gente, aislados, desechados por los familiares durante unas horas para que no molesten. Manifiestan que están contentos, argumentan que están en su mundo. ¿No hay otros lugares, donde va todo el mundo? ¿Por qué no se atreven? O ¿Por qué no les aconsejan que vayan? ¿Quién se lo impide? Todos somos culpables, ciudadanos, familiares e instituciones.
Es menester tener en cuenta que sólo un porcentaje muy reducido, que no supera el 25% del total de la población mayor, tiene serias discapacidades, necesitando la ayuda de otras personas. En unos casos son las residencias o centros especializados, en otros son los familiares, los encargados de suplir sus deficiencias. Pero el 75% de la población, están en buenas condiciones, pudiendo hacer una vida normal. Es con estas personas, que son la mayoría y viven en su hogar, con las que hay que ponerse a trabajar seriamente para inculcarles la pasión por la vida. Bien es cierto que son reacios a todo tipo de ingerencia en sus vidas. Con un poco de tacto y mucha imaginación, desde la iniciativa privada y desde los poderes públicos, se puede ofrecer alternativas adecuadas a sus intereses y mentalidad, seguro que aceptarían de buen grado esas sugerencias, de esta manera su vida aburrida, sin alicientes, sin saber que hacer, adquiriría otra dimensión, pensarían menos en el futuro y más y mejor en el presente.
Una de las experiencias más gratificantes que he podido experimentar, es charlar distendidamente con una o varias personas mayores, en la cafetería, en la calle, en un campo de fútbol, en un teatro, en la playa, en casa, después de ver una película, de los temas más variados y diversos que se pueda uno imaginar. El caudal enriquecedor conseguido por ambas partes, fue muy importante, contribuyendo a una complicidad, que no siempre he conseguido con jóvenes o personas de mi edad. Es lamentable tener que presenciar la tendencia que se va incrementando a lo largo del tiempo, de ignorar, menospreciar y prescindir de todo aquello que huela a viejo, es un error que no se puede seguir permitiendo el ser humano. Veo a gente que se avergüenza cada vez que tiene que contestar o hablar con un anciano, es evidente que falla algo y el pecado está en nosotros mismos. Estamos demasiado aturdidos por otros menesteres tecnológicos y nuevas ideas que nos están alejando de la verdadera esencia de nuestra existencia.
Al titular este epígrafe como “minimizar los efectos geriátricos”, no he querido dar a entender que la geriatría no sea necesaria para mejorar la calidad de vida de los ancianos. Es una ciencia que ha adquirido pleno desarrollo precisamente en el siglo XX, es y será una disciplina imprescindible. Pero hay otras alternativas que hay que explotar de forma más intensa y son las que realmente revitalizarán su desarrollo.

EL RESULTADO DE UNA VEJEZ BIEN APROVECHADA

Con mis setenta años y la experiencia de haber acompañado a varias personas en los últimos meses de su vida, me atrevo a declarar que tengo competencia suficiente para escribir sobre el tema de la vejez en toda su extensión, sin que esto excluya mis errores o las opiniones discrepantes. Este es el testimonio de Gustavo:
“La vejez, es generalmente, una larga y desaprovechada etapa de la vida que se inicia, de forma curiosa, con una decisión administrativa, sigue con un periodo muy corto de rebeldía, continua con una pequeña etapa de acomodación, te acompaña durante muchos años y termina tras largos meses de espera.
El primer punto a considerar sería la sorpresa. Es tan lento el deterioro que sufre el cuerpo que no se nota el cambio hasta que un día descubres que has entrado en la vejez. Este día ¿es necesario aclararlo? No coincide con la edad de la jubilación; se produce mucho más tarde. Hasta entonces has bromeado sobre la vejez, pero pensando siempre en que, con algunas limitaciones te conservas como un chaval.
La decisión administrativa de jubilación a los sesenta y cinco años me parece arbitraria, desfasada por el curso de la propia vida y necesitada de una revisión consensuada. El aporte de soluciones no corresponde a este artículo.
En los momentos en que la sociedad declara tu jubilación, surge de forma casi generalizada y siempre espontánea, un movimiento de rebeldía contra una medida que te declara “viejo”mientras todavía te sientes joven. Como es una medida definitiva y sin apelación posible, la postura de rebeldía es puramente testimonial y se reduce a confidencias con las personas de tu intimidad.
Pasada la posible rabieta, empieza, en todos los casos, un periodo de corta duración depende de cada persona, pero que nunca es demasiado largo, en el que debes acomodarte a los criterios fijados por la sociedad. Entonces es cuando impone determinados criterios de actuación (lo que está bien visto y lo que está mal visto), a los que todas las personas mayores han de someterse, aunque vayan contra su propia realidad. La sociedad decide que a los sesenta y cinco años debemos dejar de trabajar, lo que no es ni bueno ni malo, sino simplemente una decisión administrativa; pero lo peor es que a partir de esa edad, nos condenan a no hacer ni sentir nada. Nos vemos obligados a concentrarnos en grupos de iguales o asociaciones para ir a viajar, a cenar y bailar con nuestra pareja y no desentonar.
Durante el periodo de adaptación, la presión social es tan fuerte, que terminamos por asumir los criterios que íntimamente rechazábamos y, en general, las personas mayores acaban por manifestar emociones y sensibilidad comunes y sólo manifiestan sus propios sentimientos cuando se encuentran agrupados y se sienten defendidos desde exterior. Lo mismo que hay un mundo de las mujeres, en el que los hombres están excluidos, hay un mundo de las personas mayores también excluyentes.
Tenemos que decir con toda claridad que la vejez es una, posiblemente larga etapa de la vida, con las mismas condiciones que otra cualquiera y que debemos afrontar sin temor, asumiendo toda su realidad. Nuestro cuerpo ha reducido sus capacidades físicas, si me permite el ejemplo, no podemos subir escaleras corriendo, pero llegaremos al ático antes que un joven, si utilizamos… el ascensor.
Estos son factores externos que influyen poderosamente en el comportamiento de las personas mayores, pero también, y quizás más importante, sean las condiciones personales.
En la vejez, cualquiera que sea la edad, el principal problema a resolver, es el que plantea la contradicción entre los deseos y la realidad. Plantear una etapa de tu vida, que puede durar veinte años o más, con el deseo de una permanente juventud, lleva a la solución de una frustración permanente por alcanzar un objetivo imposible, y como consecuencia, a una contradicción íntima que a su vez, produce una reducción cada vez mayor de la capacidad social y a dificultades para ajustarse a la realidad.
Es fundamental adaptarse a la situación real, hay que dejar de rendir culto a la juventud, tan de moda hoy, como si fuera esa corta etapa de la vida lo mejor de nuestra existencia. Vamos a ver si somos capaces de dejar de presumir de jóvenes y presumimos de mayores dignos. ¿Por qué no mostrarnos como somos? ¿Por qué no decir que a un viejo le parece bella una mujer de su edad?
Vamos a disfrutar de lo que es propiedad de las personas mayores: el tiempo libre ya sin urgencias, la serenidad de espíritu lejos de impulsos juveniles, la reflexión como producto de la experiencia, una nueva clase de amor sin urgencias, la paz interior como premio al abandono de rivalidades y dejemos de competir con los jóvenes, nuestro mundo es otro.
La experiencia debe ser considerada como sabiduría que se puede compartir con los más jóvenes para beneficio de todos. Las personas mayores acumulan un tesoro de sabiduría que está siendo despreciado. Es como una familia que se va de vacaciones y deja su casa con todas las luces encendidas y la nevera con la puerta abierta, pero enchufada a la red eléctrica.
Las personas mayores, es posible que se pierdan en la informática o en la genética, pero saben del odio y del amor, de la realidad y la traición, de la entrega y el sacrificio.
Llega un momento en la vejez de las personas en que, como los elefantes, detectan la proximidad de la muerte y ya sólo tienen una idea que les hace despreocuparse de todo lo que les rodea y se convierte en una obsesión, que llegue lo antes posible y con ausencia de dolor. No es una tragedia, no he conocido a nadie que me haya expresado temor a la muerte, pero todos hablan de que les gustaría que fuese “rápida y sin dolor.”
Como comenta Ovidio, se siente el abandono de quienes más nos debían. Es inevitable envejecer, como también es inevitable la muerte, son acontecimientos a los que tenemos que familiarizarnos, sin el sentimiento trágico que se les da. Es atrevido decirlo cuando a uno no le toca, cuando se ve aún lejano o plasmarlo de forma poética para que sea menos trágico. La vejez debe ser una etapa que prolonga hasta el final la desaparición física del cuerpo en el que nos hemos acostumbrado a vivir. Nunca se podrá admitir la muerte con agrado, si no nos hemos preparado en el resto de las fases del crecimiento. Los grandes cambios que se producen en el mundo de la materia, cada día son mas veloces y complejos, nos privan de pensar en otros menesteres, como son la trascendencia y a la esencia de nuestro destino final. No tenemos tiempo o no buscamos el tiempo necesario, para pensar seriamente sobre los cambios que se están produciendo en nuestro organismo y sobre todo en nuestra mente. Solamente es la inmediatez de los acontecimientos lo que nos ocupa. Recibimos tanta información, que no sólo tenemos dificultades para procesarla, sino que desvía nuestra atención sobre lo fundamental, que es conocernos a nosotros mismos, de donde venimos y hacia donde vamos. A lo largo de la historia se lo preguntó el hombre, cuando tenía más tiempo para pensar, ahora hemos ocupado el tiempo en nuevas tecnologías, que aparentemente nos apartan del tedio. En otras épocas ni los ancianos eran una carga desagradable, si no todo lo contrario, y por supuesto la muerte, que es lo más próximo al anciano, era vivida con tanta angustia. Se vivía con respeto, pero a la vez con la normalidad y tranquilidad que requiere un acontecimiento tan natural como el nacimiento.
Debemos considerar a los ancianos en realidad como una parte importante del tesoro humano y sobrenatural de la humanidad entera. La picaresca de un mundo deshumanizado, precio inherente al ateismo, se refuerza en poner de relieve que los ancianos son una carga, subrayando sus defectos. A este triste naturalismo hedonista sólo hay un yugo que no le parece insoportable: la esclavitud a placeres desnaturalizados en un frenesí cada vez más insaciable.
El testimonio de Gustavo y el resto de las reflexiones hechas sobre el tema que estamos tratando pueden apuntarnos algunas pistas, sobre los cambios que deben producirse, para que se disfrute de una vejez bien aprovechada.
El amigo Gustavo ha hecho unas reflexiones, sobre lo que el siente a sus setenta años y lo que los demás perciben ante un viejo de esa edad. Plasma afirmaciones que son ciertas, están a la orden del día, a su vez añade unas pautas para posicionarse en un determinado lugar. Disfrutar de lo que se tiene y divertirse en función de sus capacidades. Sin embargo no es cierto aquello que dice sobre su mundo, considerándolo que no es el mismo que el mundo de los jóvenes. Sí es el mismo, de la misma manera que, también es el mismo el mundo de los adultos. Tampoco se trata de competir los unos con los otros, sino de complementarse, en función de las capacidades de cada cual, que no tienen por qué ser menores que las de un joven o adulto. Un joven o un adulto pueden enseñar muchas cosas a un anciano, pero por el contrario un anciano puede enseñar muchas más a ambos.
El resultado de una vejez bien aprovechada debe ser el concurso de las reflexiones de Gustavo, y el convencimiento de jóvenes y adultos que también llegarán a esa edad y estarán en las mismas circunstancias. Por ello deben integrarse esfuerzos en minimizar los efectos negativos que se han creado en torno a este fenómeno.

LA INICIATIVA DEL MUNICIPIO

Las políticas de atención a la gente mayor que se están desarrollando en los países occidentales muestran cierto interés, por el tiempo libre, no como problema sino como oportunidad.
Se pretende evitar un planteamiento artificial de las propuestas, que surjan de las distintas administraciones públicas, facilitando o potenciando, en cambio, aquellas iniciativas que, por surgir desde abajo, mantienen perspectivas de aceptación y éxito mucho más altos y eficaces.
España, país desarrollado y próspero, presenta uno de los índices más altos de esperanza de vida como ya hemos comentado. Esto es un éxito personal y un logro social, y debemos sentirnos satisfechos por vivir más años con mejor calidad de vida. Sin embargo, también es cierto que las personas mayores son más vulnerables a la enfermedad y a la pérdida de autonomía, obligándoles a depender del cuidado de otras personas. Una vida sana y optimista les mantendría en forma y les alejaría del fantasma de la dependencia. Prepararse para esta nueva etapa y desarrollar una nueva cultura del envejecimiento, activo y saludable debe ser uno de los objetivos prioritarios. Se trata de enfrentar el reto del paso de los años antes de la jubilación, pero una vez que ésta llega y la forma de vida cambia hay aspectos básicos a tener en cuenta: una alimentación saludable, ejercicio físico razonable, actitudes mentales positivas, relaciones sociales, conciencia de los propios derechos, apoyos asistenciales de calidad…
Hay que apostar decididamente por las políticas preventivas socio-sanitarias, así como promocionar la educación de la salud y fomentar la calidad de vida y bienestar social. En definitiva de lo que se trata, es conseguir que los jubilados sean dueños de su propia vida, una vida activa y saludable. Todo ello compaginado con el desarrollo de una actitud participativa tanto con personas de su generación, como con otras más jóvenes, o con las que están necesitadas de atención.

LA DIMENSIÓN DEL TIEMPO

El tiempo libre en esta etapa es un elemento con una dimensión diferente. La vejez no puede entenderse sólo como declive, como decadencia, sino como una nueva fase de desarrollo. Es precisamente la desertificación de la vida cotidiana de nuestros mayores, su falta de incentivos de todo tipo, lo que genera el refugiarse en el pasado como salida. Un presente sin actividades significativas que incentiven de alguna manera sus ambiciones e ilusiones, contribuirían de forma inexorable al deterioro de su mente y de su cuerpo con mayor rapidez.
Se pretende, pues, partir de la constatación de la diversidad social, intelectual y de condiciones vitales como punto de partida de este análisis, para con ello estructurar al máximo los usos y oportunidades que plantea el tiempo libre a disposición de los jubilados, en una perspectiva de futuro, que motive y de sentido a la etapa final del desarrollo personal.
¿Qué hacer con el tiempo libre? Se ha venido observando, en diversos estudios que se han realizado y sobretodo a través de encuentros, los cambios que se han producido en las actividades que realizan una vez jubilados de su actividad profesional:
Aumenta en una proporción significativa en torno al 25% el total de tiempo libre disponible después del retiro.
El porcentaje de tiempo dedicado al cuidado personal crece de forma importante.
La dedicación a las obligaciones hogareñas también sufre un relevante incremento, en torno al 70%, y un 25% para las mujeres.
Las actividades de ocio de carácter pasivo (televisión, radio) acumulan un mayor tiempo de dedicación sobre todo a partir de los 70 años.
Se constata un menor índice de participación en actividades organizadas (cine, teatro, deporte, viajes).
Es fácil deducir que toda persona tiene que pasar por un tiempo de adaptación, para que los hombres y mujeres que antaño trabajaban fuera de casa, se mentalicen para realizar otro tipo de labores a las que no están acostumbrados, como las tareas del hogar o participar en actividades organizadas etc.
Pensamos en generaciones, que vivieron épocas muy distintas a las actuales. La situación política, social y económica de su vida laboral no tiene nada que ver con la actual. Se ha producido un fenómeno laboral que ha cambiado, tanto la estructura laboral, como la social y familiar. El rol que juega el hombre y la mujer, tanto en la familia como en la sociedad, ha llegado a un cierto equilibrio de intereses y responsabilidades. Estas circunstancias harán, que cuando las generaciones que trabajan hoy a pleno rendimiento, cuando llegue el momento de su jubilación, estarán acostumbrados a gestionar el tiempo de una forma más razonable y satisfactoria.
En la gestión del tiempo es preciso diferenciar el tiempo de no ocio y el de ocio.
En el tiempo de no ocio:
Las actividades centradas en el hogar recogen la mayor dedicación temporal de los ancianos.
La participación de las personas mayores en actividades formativas suponen un porcentaje muy pequeño.
Las actividades de carácter social, participación en asociaciones de diverso contenido y voluntariado, son minoritarias.
¿Qué hacen los ancianos en el tiempo de ocio?
Más de una tercera parte del tiempo de ocio de las personas mayores, están dedicadas a la radio, prensa y televisión. Es decir actividades que tienen un carácter pasivo. Es mucho tiempo. No se quiere dar a entender, que sea pernicioso, leer el periódico o ver la televisión, por el contrario, es bueno y deseable, pero se debe reducir el tiempo de esas actividades, sobre todo ver la televisión, que dentro de estas actividades de ocio es la que más tiempo consume, a favor de otro tipo de actividades, por ejemplo leer un libro, siempre es mucho más interesante y beneficioso, por el mayor número de capacidades que se desarrollan en esa actividad.
Los porcentajes de tiempo dedicados a otras actividades de ocio resultan ya mucho menos significativas, aunque destaquen las relaciones interpersonales o el ocio social (visitas a familiares, amigos etc…). En este sentido las mujeres tienen más facilidad en el trato social. En cambio los hombres participan en asociaciones, de carácter político, deportivo o recreativo.
El deporte parece una actividad que ha aumentado su importancia en los últimos años entre las personas mayores. El factor de formación previa y el nivel de recursos resulta determinante para encontrar practicantes de actividades más estrictamente culturales (visitas a museos, exposiciones, espectáculos culturales) o lectura.


PROPUESTAS Y LÍNEAS DE TRABAJO

Líneas de trabajo.
Líneas de trabajo internas:
Como sería el aseo personal, descanso, relax, televisión, radio, música, bricolaje, hobbys etc…
Líneas de trabajo externas:
Estarían, el trabajo, la actividad productiva, las vacaciones, los viajes, el cine, el teatro, los conciertos, las visitas, organizaciones políticas, religiosas, cívicas y voluntariado.
Si prestamos un mínimo de atención, las actividades que hemos enumerado, tanto internas como externas, no difieren en absoluto con las actividades que hacen la población activa, son las mismas. Lo que si cambia es el sentido y la trascendencia que se les da a estas actividades. Por ejemplo la necesidad de la actividad en diferentes trabajos e investigaciones, como las personas mayores que aún mantienen una actividad laboral, lo que más valoran es la satisfacción intelectual, autonomía y sensación de ser competente.
Propuestas de trabajo.
- La jubilación como oportunidad de empezar. ¿Significa que se tenga que realizar la misma actividad que antes, tener las rutinas establecidas de la misma manera que en la etapa activa? No necesariamente, para unos empezar significará cambios de actividad, que no tendrá las connotaciones lucrativas de antaño, pero se elegirán voluntariamente, bien como forma de pasar el tiempo, o desarrollando sus propias capacidades. Para otros será el descubrimiento de nuevos campos relacionados con el deporte, con la cultura, con la lectura, que hasta este momento no habían experimentado, por falta de tiempo, por desmotivación o simplemente porque nunca se lo plantearon. El cambio de actitud y de mentalidad, con unas buenas dosis de imaginación son elementos esenciales para esta nueva aventura.
- Revisar el concepto de jubilación, reforzando las posibilidades de entrada y salida del trabajo, crear asociaciones de jubilados etc…
Se trataría de crear el ambiente propicio previo a la jubilación, de hecho ya se está llevando a efecto. Las nuevas leyes, permiten que una persona pueda acogerse a una figura mixta, permitiendo al jubilado trabajar una serie de horas y por otro lado cobrar la parte proporcional de la jubilación que le corresponda. Una situación intermedia en la que se combina un mayor tiempo de ocio, con un número determinado de horas de trabajo. Servirá de preparación para una jubilación definitiva, en este caso no significaría un cambio brusco, sino una continuidad que no conduciría agrandes sobresaltos.
- Vincular de forma más clara el aprendizaje de los jóvenes y la maestría de los ancianos. Este aspecto sería muy importante. Si ya hemos dicho que estamos viviendo una juvenilización excesiva, olvidándonos de la sabia experiencia que pueden aportar las personas mayores, sería un ejemplo para los jóvenes, que verían en la maestría de los ancianos unas capacidades que ellos aún no poseen por su bisoñez. Apreciarían el mérito, el valor, la entrega de estas personas, considerándolas tan válidas como ellos. Esto supondría un buen servicio social y a la vez un encuentro generacional gratificante.
- Introducir espacios de jardinería y horticultura. Hay muchos jubilados que nunca han trabajado en el campo, para estos en concreto, estas actividades les serviría para hacer un ejercicio muy sano, vivir los valores ecológicos más de cerca, y a valorar el medio ambiente en el que nos desenvolvemos con mayor objetividad. Por otro lado contribuirían con su trabajo a embellecer sus jardines particulares y proveerse de productos naturales. Además serían conscientes de que su trabajo voluntario, sin agobios ha producido sus efectos positivos, animándoles a seguir viviendo con ilusión, que en definitiva es de lo que se trata.
- Divulgar la experiencia de cursos de prejubilación, con la idea de evitar los desenganches y frustraciones de los primeros años de retiro.

Después de haber visto algunas de las propuestas de trabajo, es necesario ilustrar con algunos ejemplos prácticos, las actuaciones que se han desarrollado en la Comunidad de Castilla Y León.
Los mayores de la comunidad a través de la Consejería de Familia e Igualdad de oportunidades, ha puesto en marcha un año más el programa interuniversitario de la Experiencia, una iniciativa que se desarrolla desde el año 1988. El objetivo primordial, es facilitar el acercamiento de las personas mayores a la cultura, al tiempo que beneficia las relaciones sociales de un colectivo que cada año cuenta con más actividades. Según los últimos datos el 23% de la población de Castilla y León supera los 55 años, la Junta ha puesto en marcha, mediante convenio con 8 universidades de la Comunidad tanto públicas como privadas, una iniciativa que busca, sobre todo, el envejecimiento activo de los mayores. En Castilla y León hay aproximadamente 570.000 personas mayores. En gran parte se trata de gente muy activa y con ganas de participar en la sociedad. Con estas iniciativas se pretende contribuir a satisfacer sus intereses sociales y culturales. Este año la cifra de inscritos es de tres mil alumnos, un porcentaje muy pequeño, respecto del total, pero que merece la pena, es una iniciativa más entre las muchas que se proponen.
Los ayuntamientos a través de sus concejalías de Bienestar Social deben canalizar adecuadamente las propuestas de sus ciudadanos mayores en función de sus intereses. Facilitando el acceso a aquellos que lo demandan.
En algunos municipios de la región se han realizado propuestas, que han sido acogidas con mucho entusiasmo por parte de la gente mayor, participando ciudadanos de todas las edades, la tercera edad ha ganado por mayoría absoluta.
Uno de los proyectos consistía en hacer una exposición anual, de tipo cultural y artístico en la que tuvieran cabida todas las edades, sin ningún criterio restrictivo a la hora de elegir la manifestación artística. Fueron válidos todos los trabajos que se presentaron.
En una sala adecuada para el evento, en un día señalado como fue la fiesta patronal, se decidió con buen criterio hacer una exposición de los trabajos que se realizaron durante el año. La grata sorpresa iluminó los ojos ávidos de los vecinos, que acudieron en masa a ver las creaciones de sus paisanos. Cuadros pintados al óleo, fotografías, poesías, relatos cortos, esculturas de piedra, tallas de madera, una maqueta con las casas y calles del pueblo realizadas en cartón, carros y aperos de labranza hechos en miniatura y labrados en madera y otros muchos objetos, hicieron las delicias de los visitantes. Nunca hubiera sido posible conocer las creaciones de la gente mayor, de no haber sido por esta exposición, ya convertida en encuentro anual. Es una iniciativa más que ha fomentado las relaciones entre los vecinos, a conocerse mejor y sobre todo a acercar a los jóvenes al mundo de los mayores, a entenderse mejor, a crear unos lazos de unión y comprensión que inevitablemente favorece la convivencia. Destacar el carácter didáctico de la exposición, a medida que ibas recorriendo la sala, en cada obra el propio autor iba explicando todo tipo de detalles sobre la misma, convirtiéndose el diálogo en una complicidad que dejaba entrever la cara de satisfacción de sus creadores y por otro lado el reconocimiento de sus paisanos.
Otra de las actividades que mantienen muy activos a los ancianos, es el voluntariado, todavía es minoritario, pero aquellos ancianos que se han atrevido ha realizar esa experiencia han sentido la profunda satisfacción de sentirse más jóvenes y más útiles.
En algunos municipios partiendo de una iniciativa de la administración, se ha programado una serie de cursillos, para los jubilados, destinados a hacer pasar el rato a otros jubilados acogidos en residencias.
Algunos días de la semana, un monitor especializado en tiempo libre, imparte una serie de clases teóricas y prácticas para todos aquellos jubilados que deseen asistir. Con esta iniciativa se han conseguido dos objetivos: por un lado han adquirido una serie de conocimientos que les sirve para ir engordando su sabiduría, adquiriendo conocimientos para poder gestionar su tiempo libre de una manera más eficaz y por consiguiente disfrutar de una mejor jubilación. Por otro lado ellos aplican parte de esas estrategias que han aprendido, para entretener de una manera activa a las personas de su misma condición. Convertirse en voluntarios supone para estas personas, ser activos y útiles para la sociedad. Su labor es reconocida y se sienten reconfortados por este reconocimiento. Son sólo dos ejemplos, pero hay muchos campos en los que se puede y se debe trabajar para que esta última etapa de la vida, por la que todos inexorablemente tenemos que pasar, no se convierta en un suplicio y tampoco en la desesperación de una muerte anunciada. Se trata de vivir este periodo de una forma tranquila, sin sobresaltos y con el convencimiento de ser personas útiles, normales, plenamente integradas en el entramado social, sin ser señaladas como un gueto apartado en la colina del olvido.

La importancia de la amistad.
Esa mayor disponibilidad de tiempo, favorece el que surjan nuevas posibilidades de relación, de establecimiento de lazos afectivos, que retrotraen a la persona mayor a la juventud entendida como la otra gran fase de surgimiento de amistades. La amistad establece vínculos de socialización entre iguales, por la misma problemática que tienen física y mentalmente, se auto consuelan y se auto compadecen.
La misma diversidad y complicidad de las situaciones vitales, acostumbra a seguir una similar diversidad y variedad de tipos y grupos de amistad, a largo, medio y corto plazo.
A largo plazo: características étnicas, de procedencia y religiosas, se comparten recuerdos y experiencias.
A medio plazo: situaciones de asentamiento vital (profesión, matrimonio), cambia cada cierto tiempo, pero de manera no muy frecuente.
A corto plazo: Varían al ritmo de los frecuentes cambios, situaciones o estatus.
En efecto cuando hablamos de amistad, nos referimos a un tipo de relación interpersonal, que tiene como características esenciales: igualdad, confianza, asistencia, respeto, aceptación, tolerancia, espontaneidad, afecto, diversión etc… Cuando hay una pérdida de autonomía por alguna carencia, las relaciones pueden romperse.
Propuestas.
Realizar estudios sobre estructuras de amistad en el transcurso del desarrollo vital.
Realizar estudios sobre nuevas amistades forjadas ya en la fase post-jubilación, y comparar su funcionalidad con las relaciones de amistad de etapas anteriores.
Análisis de los apoyos sociales, no familiares, de que disponen los ancianos, examinando sus orígenes y sus prestaciones, las razones de su formación, mantenimiento y disolución.
Factores de relación y diferenciación en las conexiones de amistad atendiendo a distinciones de sexo y estado civil.
Reforzar e incentivar todos aquellos ámbitos en los que puedan rehacerse, considerarse o iniciarse relaciones de amistad entre personas mayores (clubes, asociaciones de ancianos, actividades recreativas).
Importante es el papel de las administraciones y profesionales. Su labor debe de ser de canalización. La dependencia sólo crea mayor dependencia o incrementa los procesos de malestar psíquico-físicos.
Propulsar encuentros, jornadas, reuniones, que permitan rehacer amistades, reencontrar a compañeros y colegas.

CONCLUSIONES.
El asunto de la vejez no se presenta con unas perspectivas demasiado halagüeñas en la actualidad, es más se nos anuncia un futuro incierto. Los espacios de socialización se centran fundamentalmente en la mayoría de los casos, en entretener, hacer que el tiempo pase y en acumular muchas actividades de carácter pasivo. Los centros de jubilados, el club de los sesenta, asociaciones que desarrollan una serie de actividades, que no son desechables, tampoco se aboga para suprimirlas, pero no son suficientes. Sin embargo la acogida que han tenido por parte de los mayores ha sido muy buena, sin dejar de ser un círculo cerrado, donde las relaciones se circunscriben a su propio ámbito. La mayor parte del esfuerzo de las administraciones, se traduce en un entretenimiento en una isla solitaria donde no les queda mas remedio que vivir del recuerdo, encontrarse con gente de su misma condición, en la que solamente se habla del pasado, divirtiéndose en los juegos de siempre. Es triste pensar como esta parte de población cada vez está más aislada, destacando una sensación de impotencia, que les obliga a ir descontando días del calendario de la mejor manera posible. Esta actitud tan pasiva les convierte en una población que elude todo tipo de responsabilidades, se auto convencen de que no son útiles para nada, deseando que vaya pasando el tiempo sin pena ni gloria. Son muy frecuentes los comentarios tales como “Para lo que me queda de vida no merece la pena estar pensando en proyectos nuevos, ya he hecho a lo largo de mi vida todo lo que tenía que hacer” “He estado trabajando toda la vida, he criado a mis hijos y ya he cumplido”. Son expresiones frecuentes que demuestran la falta de ilusión, una cierta desesperanza y el vacío en el que se encuentran, aunque ni ellos mismos son conscientes de esa situación.
El productivismo que sirve de pauta homogeneizadora a nuestras estructuras sociales sitúa al jubilado como improductivo, como inútil, como persona sin papel social.
El planteamiento acostumbrado sobre la vejez, contrasta con el hecho de que las oportunidades de socialización, además de escasas, son el producto de una imagen estereotipada de anciano, en la que socialización sería igual a ocio, descanso o diversión. Son mensajes culturalmente contrastantes, pero en la línea de encontrar mejores instrumentos de análisis y de intervención. Instrumentos adaptables a la transformación de los modelos de vida, cada vez más rápidamente cambiantes, cada vez más inciertos, cada vez más unívocos. De ahí la importancia de resaltar elementos como el factor trabajo, o las relaciones de amistad, como líneas en las que incidir para empezar a preparar lo que sería el colectivo de gente mayor en pocos años. De ahí la importancia de encontrar espacios de socialización mejores y más plurales que los que actualmente se ofrecen en centros y asociaciones.
En esa línea deben vertebrarse los esfuerzos, cambiando las dinámicas de trabajo y orientándolas a fomentar las actividades externas cuya participación es todavía minoritaria. Si tenemos en cuneta que en nuestra Comunidad a medida que van pasando los años del siglo XXI, la población mayor de 65 años sigue aumentando en su porcentaje dentro de la pirámide de edad de población, sería conveniente iniciar políticas y aunar esfuerzos en torno a una serie de propuestas que se han expuesto, que de momento son minoritarias. Sería muy beneficioso y saludable, dar la oportunidad a aquellas personas que estén dispuestas a aprovecharse de las posibilidades que se les ofrece. Es un reto en el que la sociedad y administraciones, estatales, autonómicas y municipales deben implicarse.

Joan Subirats “La vejez como oportunidad” Edita. Instituto de Servicios Sociales. 1992.
Jorge Bucal. “El camino de las lágrimas” Editorial. Grijalvo.
AVIM-CV (asociación de voluntarios informática mayores) Comunidad Valenciana.
 HYPERLINK "http://www" http://www. Psicología.com/monografias
http://  HYPERLINK "http://www.Cyara.net/abuelos" www.Cyara.net/abuelos
http:// personal.redestb.es/jo.tor/ La vejez.htm
La vejez, Alicia Medieros/ Antonio Puente/ Acento editorial, 1996.
Biblioteca de consulta Microsoft Encarta 2005.
Censo 2001.


Accésit, del 2º Premio Nacional de Ensayo, de Aldeamayor de San Martín. Bajo el título “Nuestra Gente, NuestraTierra”