|
Villa por villa
Quintanilla de Arriba
Dibujo de
Juan Palencia
Texto
de
Antonio Corral Castenedo
La carretera pasa, desconchando
las fachadas con su prisa, ciñéndose a las casas, que burlan ágilmente su
embestida. Pero la calma se dilata, se remansa, brindando sugerencias para
el sosiego, en la placita en donde la torreta metálica del ayuntamiento es
el tabernáculo del que alguien ha bajado la cruz de piedra que descansa en
el centro. También la calma forja, a la manera de un paseo, en los
alrededores de la iglesia. La torre, sólida y juncal, espera la embestida
de la carretera, para trastearla. Y la desvía en una curva, con el fin de
que sus derrotes desgarren el burladero –bordado de reflejos, como si
fuera un capotillo de paseo- de esta tarde parda de marzo.
Una fuente, rematada por una
farola, contribuye a poner en el ambiente de fuga y de prisas una
serenidad de parque provinciano. Hay un mirador casi tapiado, de colores
vivos, en donde un aire agobiado entre los ruidos de los coches que pasan,
busca la posible melancolía olvidada por un sol de domingo. En el balcón
alto de una casa cercana, mal protegido por una tela metálica rota, zurea
un palomar. Y al balcón se asoman unas cuantas palomas, para impregnar,
con su ritmo blanco y casi conventual, el ritmo agobiado de la tarde.
Un hombre pasea muy despacio. Va
desde la fuente de la farola hasta la cruz de la plaza. Se recuesta en una
y en otra, antes de reanudar el vaivén de su marcha.
<< Este es un pueblo- nos
asegura- aprecien ustedes bien lo que les digo, en el que más de la mitad
de los habitantes ya no cumplen los sesenta años; que pone usted estas
anualidades una detrás de otra y hacen una carretera bastante importante.
Y es que la emigración masiva, y tirando al desorden y a la precipitación,
ha convertido a Quintanilla en uno de los lugares más envejecidos de la
zona. Y un pueblo con vejez es un pueblo con poca iniciativa y con poco
futuro. Esto es fácil de entender: para hacer algo hay que hacer ganas y
para hacer futuro hay que ir hacia él. Pero resulta que, cuando ya se van
teniendo años, estás más bien distanciado de los inicios y eso de las
iniciativas lo dejas para los demás. Y si sabes- por que los años se
encargan de recordártelo- que estás en el futuro, es correcto que vayas y
digas, sin que te puedan cambiar… Ahora que, también es verdad que tenemos
hombres como Semproniano Repiso, que está lleno de ideas ilusionadas y es
capaz de contagiárselas a cualquiera. Es el alcalde, sabe. Vive muy de
verdad todo lo referente al campo. Y escribe, en << El Norte de Castilla
>>, unas cartas llenas de verdades y muy bien preparadas y amenas. Para mí
que, gracias a él, el pueblo va a volver a ser algo de lo que fue. Y, si
no es así, no será por su culpa. Porque Dios hace los milagros en un
repente. Pero los milagros de los hombres son mas despaciosos, van poco a
poco y necesitan que los demás te ayuden…>>
<< Si, Quintanilla se llama de
Arriba, y es porque se encuentra más aguas arriba del Duero que la de
Abajo. No hay que haber aprendido francés para saberlo. Pero además,
debido a que siempre estuvo muy arriba en todo y porque lo tiene que
volver a estar>>. El hombre nos examina con una mirada llena de fe. Antes
de iniciar otro de sus recorridos continua: << Ya los vecinos empezaron a
buscar oportunidades fuera cuando, entre el terminar del otro siglo y el
comienzo de éste, hubo una desmedida roturación de montes. Y es que aquí
se ha sido siempre muy lanzado y muy emprendedor. No se olvide de que
fuimos los primeros, allá por los años cuarenta, que en comunidad hicimos
una elevación de aguas desde el río, para dar de beber a más de 180
hectáreas. En lo de la concentración parcelaria- que en otros pueblos,
como que se resistían o tenían reparos- en Quintanilla no hubo pegas en
demasía. Y también repoblamos las laderas con pinos, cuando nadie se
decidía...Pero, no hay que engañarse; si el vecindario se larga, la vida
no termina de llegar, ni de asentarse...>>
Las calles de Quintanilla huyen
de la carretera y se adentran hasta los campos, en un caminar largo,
custodiado por numerosas puertas traseras. Se adentran hasta las tierras o
buscan las márgenes del Duero, quizás para iniciar una procesión de
protesta, de acción de gracias, o de rogativas, en torno a ese crucero,
que se acerca hasta las aguas para ahogarse en ellas o para bendecirlas.
Sobre una puerta más pequeña, en
donde tiene su local la <<Peña del Rombo>>, alguien ha escrito: <<Coto
privado de chicas>>. <<Esta juventud tiene unos golpes que son más famosos
–nos comenta un hombre-. Y que no falten ni el humor ni las ganas de
divertirse; porque, como falten, délo usted por perdido. Y, para eso, lo
primero que no tiene que faltar es la juventud...Y, en Quintanilla, han
sido muchos los que se han ido. Y, no sólo por falta de labor, sino para
abrirse otros caminos más ambiciosos... Uno de los que se ausentó en su
día fue Mariano Repiso <<El Baubillo>>. Fijó en Barcelona su residencia,
al terminar la mili. No tenía ni dinero ni trabajo que llevarse a las
manos. Pero se hizo maestro nacional y, ya ve lo bueno que seria, que se
lo rifaban como profesor de sus hijos las familias catalanas de más
copete. Mariano era poeta. Que escribía versos muy singulares y siempre,
mire usted, estaban en ellas Quintanilla, sus rincones y sus sucedidos. Y
es que pensaba mucho en su pueblo.... Le traicionó, allá por los años
cincuenta, una enfermedad del pecho, que le llevó sin miramientos a la
tumba. Y fíjese en lo que le voy a contar, porque tiene su emoción: cuando
ya estaba tan tocado y tan malo que no tenía solución, cuentan que decía:
<<Ni grageas, ni inyecciones, ni médicos. Para mí el mejor médico y la
mejor medicina es que me lleven a mi pueblo. Porque, paseando por las
orillas del Duero, firmo ahora mismo, para el que no lo crea, que me
repondré en menos de un mes...>> Escribía versos de mucho mérito. El
ayuntamiento está en recopilarles, pero parece que hay dificultades, por
que su obra anda muy perdida. Una poesía tiene que ser titulada <<El
remojón>> y, para mí, que se refiere a aquel día en el que <<El Baubillo>>
y otros se cayeron de la barca, lo cual que tuvieron que buscar la
salvación nadando a la desesperada. Estaba en la orilla viéndolo Mariano
Redondo, la lengua más chistosa del pueblo. Y no se le ocurrió otra cosa
que decirles a todos, cuando estaban mojados y tiritando en tierra:
<<Pagar al barquero, que no le habéis pagado>>. En el verso, <<El Baubillo>>,
decía muchas cosas, pero yo solo recuerdo aquello de <<este Mariano
Redondo, es redondo el puñetero>>.
Parecen blanquear los pagos de
Robleñada, de los tajones, de la encina. Pero es una blancura engañosa.
Porque hace tiempo que desaparecieron de allí las vetas de yeso.
Precisamente el ayuntamiento, con motivo de las últimas fiestas de
<<Nuestra Señora del Rosario>>, en octubre, ha publicado en el programa un
poema de Mariano Repiso, en el que se habla del tío Isidoro, el zapatero y
de otros asuntos, y en donde se canta: ¡Silencio en las campanas / Vístase
Quintanilla de fúnebres crespones / porque ha muerto en nuestro pueblo /
lo más adorable de nuestras ilusiones. << Y todo porque los trabajadores
se vieron obligados, según se indica, a salir de su tierra, porque
concluyó lo del yeso>>.
Por el pago <<Fuente Amarga>>
continúa rezumando, con tacañería, el agua. <<Aquí fue, justo, donde un
pastor le soltó a un segador un palo muy respetable en la cabeza. Lo cual
le dejó cojo para los siempres. Y ya ve lo engañoso y lo mentiroso que
viene a ser todo. Porque, después de eso, haga usted caso a ese dicho que
se expresa de estas maneras: dadle un palo en la cabeza para que no
cojee...>>
La carretera sigue curvándose
precipitadamente. Pero el hombre continúa paseando con calma entre la
fuente de la farola y la cruz de piedra de la plaza. <<Ahora que son los
carnavales me está dando vueltas en la memoria la conversación que se
traían, cuando yo era chico, el que hacia así como de cura, en el
<<entierro de la sardina>> y el que hacia como de sacristán. No me
acuerdo, a veces, de los nombres de los nietos, pero de esa conversación
tal como si la estuviera escuchando ahora. Iba el que hacia de sacristán
y le decía al que oficiaba: <<Avía, avía pronto, Paco, que es pobre y no
tiene un cuarto>> por el muerto, por la sardina, claro. Y entonces iba
Paco y le contestaba: <<Ya lo sé, don Severino, que no sacamos para
vino>>. No se me olvida eso, ni el olor a botica de una vez que me llevó
mi padre a Valladolid y entramos en una. Ya ve, si yo tuviera medios, se
lo digo como lo siento, montaría una botica como las de antes, llenas de
tarros, de pesos y de cacharros de cristal. Y no se piense que para hacer
negocio. Únicamente la montaría para tener fresco y cerca de mí aquel
olor. Soy viejo de verdad y cascao, no de mentira. Pero, ¡maldita sea!, si
pudiera medicinarme con aquel olor a botica, de seguro que empezaría a
correr, sin reumas, lo mismo que un chaval...>>.
Quintanilla ha sido, por lo que
alguien me asegura, un pueblo en el que ha existido por lo general buena
armonía. <<Ha sido poco peleón. Aquí los pleitos grandes nunca han nacido,
ya ve. Se han dado los pequeños, esos imprescindibles que se solucionan
ante el juez de paz>>.
Las calles, no sé si para
resolver sus asuntos, buscan la cruz que se levanta cerca del río; quizá
para utilizarla como un serio juez de paz. No huele a botica. Y, por eso,
el hombre que pasea no se decide a correr. Pero, allá por la granja de
Mombiedro, la tarde se desparrama viscosa y lenta, igual que un jarabe que
alguien acabara de preparar, utilizando una fórmula magistral.
Texto
posiblemente publicado en Marzo de 198y pocos en El Norte de Castilla |