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El Pelele
Con motivo de las fiestas de Santa Águeda, viene a mi memoria la fiesta que
celebrábamos en mi pueblo, Quintanilla de Arriba. En realidad no la conocíamos
como la fiesta de santa Águeda, sino como el día del pelele.
Ya una semana antes, cada
pandilla de chicas, nos poníamos de acuerdo para buscar ropa vieja: jerséis,
pantalones y algún trozo de tela, que rellenábamos de paja dándole la forma
de un muñeco, le pintábamos la cara y el pelo y así hacíamos un pelele.
Siempre había alguna madre dispuesta a echarnos una mano.
Una vez acabado lo escondíamos
en algún corral o pajar hasta que llegara el día señalado. Lo escondíamos
porque los chicos lo buscaban empeñados en quitárnoslo y romperlo. Entonces no
nos planteábamos el porqué de este empeño. Nadie nos había dicho que esto
tuviera algún significado. Precisamente esto lo hacía más divertido. Más de
una vez lo habían encontrado antes de tiempo y nos habían privado de lo más
divertido. Esconderlo bien era esencial.
El día cinco de Febrero,
a la salida de la escuela, nerviosas y emocionadas, íbamos a buscar el pelele,
procurando que no nos siguieran los chicos. Cogíamos el muñeco y una manta
vieja, agarrábamos la manta por las esquinas y manteábamos el pelele al mismo
tiempo que cantábamos:
" Arriba pelele, tu padre te quiere, tu madre también.! Arriba con él!"
El manteo era importante
que lo vieran los chicos, era una forma de hacerlos rabiar. Ellos querían quitárnoslo,
nosotros intentábamos que no lo consiguieran, corríamos, gritábamos, reíamos
y al final lo acababan consiguiendo. Pero eso ya no importaba, porque nuestro
triunfo había sido el poder mantear el pelele.
Ahora, desde la distancia
en el tiempo, piensas en el significado de todo esto. Como hay pueblos que en un
día como este mandan las mujeres, nosotras nos dábamos la satisfacción de
mantear un muñeco que representaba un hombre, cuyo nombre, por otra parte, era
muy significativo: pelele.
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