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QUINTANILLA
SIEMPRE NOS ESPERA
Buenas tardes,
paisanos y forasteros
Buenas tardes, quintanilleros todos.
Yo no sé si esto de
pregonar la fiesta es como cuando, siendo yo pequeño, se
pregonaba el pescado por las calles de Quintanilla. Había
que cantar las excelencias de la mercancía, la amabilidad
de los pescateros y la bondad de los precios. Se supone que aquí
debería contar las maravillas del pueblo, la amabilidad de
sus gentes y la bondad de sus festejos.
No quiero caer ni en la alabanza
desmedida, ni en el incienso asfixiante. Creo que con el propio
pueblo, nos pasa lo que con la casa. Nuestra casa nos parece el
mejor rincón del mundo, no porque sea más bonita,
lujosa o grande sino porque es nuestra, y porque en ella encontramos
el reposo, la familiaridad y el placer sencillo y cotidiano. Y algo
así nos sucede con el pueblo: lo queremos simplemente porque
es el nuestro y en él nos sentimos cómodos y a gusto.
Siempre ha sido así porque sí: el río de nuestro
pueblo nos parece un mar; la iglesia, una catedral; el pinar, un
bosque y la casa, un palacio. En plan de humor, muchas veces, para
justificar mis idas y venidas al pueblo, digo la famosa frase con
la que aquel hombre prudente y sensato despidió a los enviados
del rey que fueron con la intención de llevárselo
a la corte: “El sabio no cambia su aldea por París”.
Leí hace mucho tiempo
esto: “Todos necesitamos un pueblo, porque el pueblo siempre nos
espera, con el mismo paisaje, con las mismas casas, con los mismos
caminos y con los mismos moradores”.
Quintanilla está aquí,
esperándonos. Nosotros podemos haber dado la vuelta al mundo,
pero las únicas calles que siguen esperándonos son
las de nuestro pueblo. Hay muchas ‘Quintanillas’ en España.
Es más, la palabra ‘Quintanilla’ da nombre a decenas y decenas
de pueblos. La nuestra se apellida ‘de Arriba’, y en ella todos
nos conocemos y todos nos reconocemos.
Quintanilla nos espera siempre.
A medida que nos acercamos al pueblo, reconocemos la inconfundible
silueta de la torre, las casas de barro, piedra o ladrillo. Las
calles de Somorrostro o La Estación, o la Plaza , los pagos
de la Robleñada, Valdemuertos, El Gollón, Provisa
o El Cabañón, las fuentes de Las Santanillas o Valdemoros,
los pinares, los viñedos, los campos de cereales, las acacias
de la plaza. El canto de los gurriatos, el ladrido del perro y el
balido de la oveja.
Aquí nos espera el
río Duero, la Isla, la Barca. Hasta los cardos, las amapolas
y la sardinilla nos resultan familiares…Pero también el reloj
del ayuntamiento, el crucero de la Suma, los cipreses del cementerio,
la escuela, las bodegas, los pajares, las peñas, el frontón,
la ermita, el retablo de la Iglesia o el altar del Corpus. Y por
supuesto, nos esperan los quintanilleros: cada uno con su nombre
o con su mote, con su rostro, su tono de voz, sus dichos, su deje,
sus ocurrencias, sus gracias y sus costumbres. Todo nos es familiar…
Quintanilla siempre nos espera…Permitidme
que evoque un recuerdo personal … Para mí y para otros de
Quintanilla que como yo entramos, allá por los años
70, en el Colegio de los guanelianos en Aguilar de Campoo, el día
más tristón de todo el año, como internos,
era el día de la función. Desde la distancia, mustios
y apagados, pensábamos en el pueblo. A cada momento suspirábamos:
ahora estará el baile, ahora será la procesión,
la limonada, la chisquereta, la peña, el toro de fuego, los
almendreros, las vaquillas, las fotos con los amigos, el tiro de
la carabina, la música del conjunto, como se decía
entonces… Con esto quiero decir que la función era un hito
en la infancia, una fecha marcada a fuego en nuestros corazones
de niños
Quintanilla siempre nos espera… Pero si hay un día en que
esta espera es más profunda es el día de la función,
la fiesta de nuestra Patrona la Virgen del Rosario. La campana de
la Iglesia toca por nosotros y nos convoca. El sonido de los primeros
compases de esa jota tradicional está metido en el hondón
de nuestro ser. En cualquier lugar del mundo donde escuchemos esos
acordes sabemos que se trata de la procesión de nuestro pueblo.
La fiesta nos reúne y nos une. Las mesas se hacen un poco
más grandes, las puertas se abren más, las caras se
vuelven risueñas y amables, y los abrazos y saludos se reparten…
La campana de la función
ha tocado de nuevo en este 2009. Repetiremos los mismos saludos,
el mismo ‘me alegro de verte’. De nuevo habrá pasacalles,
merienda, verbena, fuegos artificiales, limonada, almuerzo en las
bodegas, misa, procesión y jota. De nuevo resonará
el Viva la Morenita. Cuando la jota termine, de nuevo diremos: ‘Un
año más hemos cumplido con la función, a ver
si al año que viene nos vemos’. Este es también mi
deseo: que al año que viene nos veamos todos.
Felices fiestas a todos.
En primer lugar a los que aquí viven y trabajan todo el año,
porque ellos mantienen vivo el pueblo: la tierra es arada, el ganado
pasta y la chimenea humea, y los niños corretean con la bicicleta.
Felices Fiestas a los que
aquí tienen su segunda residencia, los que esperan impacientes
la llegada del viernes, del puente o de las vacaciones para subirse
al coche o al autobús, abrir sus casas y disfrutar del pueblo.
Felices Fiestas a los que sin ser del pueblo, lo sienten como propio,
a los de paso, a los veraneantes esporádicos, a los amigos
y familiares de las gentes del pueblo que pasan unos días
entre nosotros, a los que disfrutan de las casas rurales, a los
que simplemente se paran para tomar un vino o merendar en los bares.
Felices Fiestas, en fin para
todos, para nuestros venerables jubilados que aún se atreven
con pico y pala y nos han hecho en este 2009 una fantástica
senda y un mirador precioso sobre el Duero. Felices fiestas para
los jóvenes que, bullangueros, ruidosos, rebeldes o inconformistas,
serán siempre la expresión de los nuevos tiempos,
un avance, para bien o para mal, esperemos que para bien, del futuro.
Felices fiestas para ellos y para todos los amigos que arrastran
hasta Quintanilla. Felices fiestas para los niños que son
siempre los que mejor se lo pasan en la función y los que
más disfrutan del baile, los juegos, los disfraces o las
chuches. Felices Fiestas para la nueva Asociación de Amigos
de Quintanilla que trata de cultivar el cariño por el pueblo
y extender su nombre y su fama. Felices Fiestas para los muchos
artistas del pueblo que con sus escritos, pinturas, esculturas,
fotografías, páginas webs llevan el paisaje y los
rostros del pueblo más allá de nuestras fronteras.
Y en fin, Felices Fiestas, para nuestras autoridades que han emprendido
con ilusión, con paciencia, y a veces con algún sinsabor,
la renovación del aspecto del pueblo. Que todos veamos, después
de estas obras, un pueblo más bonito y más guapo.
Y que el alcalde y concejales no se cansen en esta tarea.
Pero también quisiera
tener un recuerdo afectuoso para quienes a lo largo de 2009 su corazón
no ha estado ni para fiesta ni para bailes, bien porque los haya
visitado la enfermedad o hayan sufrido la pérdida de un ser
querido. También para ellos mi recuerdo.
Y sin embargo, mi saludo
no sería completo si no aprovechase este balcón y
este micrófono para expresar mi agradecimiento personal y
el agradecimiento de la Asociación Puentes a toda la gente
de Quintanilla. Cuando hace año y pico propuse presentar
Puentes en este pueblo, más de uno me dijo lo que se dice
siempre: ‘el propio pueblo no es el lugar más idóneo
para hacer algo’. Pero yo me mantuve en mis trece. Gracias, por
lo tanto, por vuestra acogida y por vuestra generosidad. Hay un
Quintanilla más allá de las Escuelas y más
allá de la Estación: es el Quintanilla solidario que
se extiende por el mundo. La niña que hace unos meses fue
operada de polio en un rincón perdido de Ghana sabe que Quintanilla
existe, aunque no sepa donde señalarla en el mapa. Los 20
niños que en el último año han encontrado un
plato lleno cada mediodía en el Congo gracias a la solidaridad
de las gentes de este pueblo, saben que Quintanilla existe.
Quisiera terminar con un
juego que me enseñaron los niños del Congo y que es
con el que inician todas las fiestas. El solista, en este caso yo,
dice dos palabras y el coro, es decir, vosotros, repite la última
de ellas. ¿Empezamos?
Aburrimiento o diversión- DIVERSIÓN
Penas o alegría - ALEGRÍA
Agua o vino – VINO
Trabajo o fiesta – FIESTA
Desunión o Fraternidad – FRATERNIDAD
Abajo o Arriba – ARRIBA
Quintanilla o Quintanilla – QUINTANILLA
Muchas gracias. ¡Viva Quintanilla! ¡Viva la Virgen del
Rosario!
Juan Bautista Aguado Tordable. Función 2009
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